
Espero, querido lector, que esté usted reflexionando bien, que para eso es esta jornada. El día anterior a la celebración de las elecciones es un ... frenazo en seco a la actividad política que ha dejado la campaña electoral. De pronto, los políticos dejan de subir a atriles, de estrechar manos y de besar a niños y se van a dar un paseo por el parque del Ebro o pasan la jornada en familia. Todo, antes de que llegue el mogollón del recuento.
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Aunque la LOREG no le da ese nombre específico, el artículo 53 dice que «no puede difundirse propaganda electoral ni realizarse acto alguno de campaña electoral una vez que ésta haya legalmente terminado» (se amplia también a toda aquella compartida en Internet y redes sociales) y explica que «quienes incumplan estas prohibiciones «serán castigados con penas de prisión de tres meses a un año o la de multa de seis a veinticuatro meses».
Esta costumbre no es algo que ocurra solo en España. A nivel europeo, países como Francia, Italia o Portugal tienen prohibiciones similares. Y en otros van más allá, como en Argentina, donde, además, no se puede vender alcohol o celebrar actos festivos. En resumen, en la jornada de reflexión lo que no se puede hacer es pedir el voto, hacer propaganda o colgar carteles, pero no está vetada cualquier actividad política.
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