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La carta enviada por el alcalde de Morella, preguntando por el estado de las joyas del 'botín de guerra' entregado por Espartero a ... la parroquia de San Martín de Cenicero en 1840, no ha gustado un ápice a la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Fuentes oficiosas del obispado riojano muestran su malestar por el cauce seguido por la ciudad castellonense, ya que su alcalde, Carlos Sangüesa, no debería haberse dirigido directamente a la diócesis y, a su entender, lo normal, hubiera sido que el párroco de Morella contactara en primer lugar con su homólogo de Cenicero.
Desde Calahorra se argumenta que el Boletín Oficial de la Provincia de Logroño de 27 de septiembre de 1840 deja bien claro que, tras la toma de Morella por parte de las tropas isabelinas, las alhajas fueron trasladadas y depositadas formalmente bajo la custodia de la parroquia cenicerense de San Martín. Este párrafo, en opinión del obispado, otorga legitimidad a su posesión y refuerza la idea de que las joyas no forman parte de un botín de guerra.
La historia se remonta al 21 de octubre de 1834, cuando el general carlista Tomás Zumalacárregui, en su intento baldío por conquistar Cenicero, expolió y destrozó el interior de la iglesia, pero no logró quebrar la resistencia de los setenta voluntarios urbanos del bando liberal, que se atrincheraron dentro de la torre. Seis años más tarde, el 30 de mayo de 1840, cuando las fuerzas leales a Isabel II rindieron Morella, se incautaron de un alijo de piezas religiosas, entre las que destacaba una valiosa custodia y nueve piezas litúrgicas más. Por fin, el 5 de septiembre ordenó el general Espartero entregar dichas alhajas a la parroquia de San Martín, como compensación por el saqueo de Zumalacárregui.
Tras varios meses de silencio oficial, de gestiones confidenciales e informaciones periodísticas, el primer edil de Morella se interesó por el estado de las piezas y por si el lote se mantenía completo 185 años más tarde. Si bien en carta enviada por Consistorio de Morella se afirmaba que, por ahora, «no planteamos aquí la posible restitución, sino únicamente saber si guardan la totalidad del inventario», fuentes solventes manifestaron a Diario LA RIOJA que, a partir de entonces, tanto el ayuntamiento morellano como la diócesis de Tortosa trabajarían en un informe para reclamar la devolución del 'botín', para exponerlo en el museo de la ciudad.
Es más. El alcalde Sangüesa Antolí ha manifestado que el próximo movimiento será el de solicitar que la diócesis riojana muestre las fotografías de las piezas que todavía quedan –faltan un copón y dos cucharillas pequeñas–, con el fin de comprobar en qué estado se encuentran. Lo cierto es que, pese al tiempo transcurrido, el obispado de Calahorra tan solo ha hecho público un escueto comunicado y no ha permitido ni a Diario LA RIOJA, incluso sin imágenes de por medio, dar fe de la existencia del tesoro, escudándose en razones de seguridad.
Por su parte, la Conferencia Episcopal Española ha argumentado al periodista Gonzalo Valero que, al tratarse de un contencioso entre «parroquias de distintas diócesis, la resolución final la tomarían Roma y el Vaticano». Pero ese supuesto pleito queda, aún, muy lejano.
La diócesis calagurritana, además de aferrarse a la legalidad que, a su parecer, otorga el Boletín Oficial de la Provincia de Logroño de 1840, advierte de que si Morella continúa avanzando por la vía iniciada por su alcalde, el litigio podría alargarse años y años para, al final, no conseguir nada.
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