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A Morten Meldal (Copenhague, Dinamarca, 1954) la curiosidad por la naturaleza se le despertó muy temprano, de niño, durante los meses que pasaba en ... la granja de sus abuelos. Veía cómo se comunicaban los insectos y quería saber por qué. Luego, a los quince años, fue con una bolsa a comprar explosivos pirotécnicos a una tienda de Copenhague. Cuando regresó, se pasó una buena temporada fabricando vistosos fuegos artificiales hasta que un día se le fue la mano, la mezcla estalló y dejó un imponente cráter en el jardín. Los fuegos se le acabaron, pero el interés por la química no. Muchos años después, en 2022, aquel gamberrete adolescente ganaría el Premio Nobel por el descubrimiento de la 'química clic', un sistema que permite unir moléculas de forma eficiente, rápida y selectiva, lo que, entre otras cosas, abre la puerta a avances médicos hasta entonces impensables. El miércoles y el jueves estuvo en Logroño. Cautivó a los jóvenes con su pasión, su cercanía y su guitarra.
Después de su intervención en el acto final de Divulgaciencia, el programa para estudiantes que organiza Fundación Caja Rioja, Meldal atiende a este periódico en el Centro Cultural Gran Vía. Sin prisas, siempre sonriente, el científico danés desgrana una biografía marcada por una infatigable curiosidad.
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– Química suele ser una asignatura dura para los jóvenes estudiantes. Usted defiende un modo más atractivo de enseñarla. ¿Es posible?
– Desde luego; tenemos un estilo muy anticuado de enseñar Química. Desde el primer momento abrumamos a los alumnos con muchos cálculos, equilibrios molares, equivalencias... Pero la química es un mundo tridemensional y los estudiantes deberían descubrirlo mediante animaciones y películas. Que conozcan por intuición cómo funciona el mundo tridimensional de la química, desde lo más sencillo hasta lo más complejo. El primer año debería centrarse exclusivamente en los diferentes elementos y en cómo funciona la química más básica.
– O sea: primero ver y luego calcular.
– ¡Pero mucho más tarde calcular! Lo primero debe ser adentarse en el mundo tridimensional de la química.
– A veces la palabra 'química' se utiliza, al menos en España, como algo opuesto a 'natural' o a 'ecología'. ¿Qué le parece?
– ¡La ecología es química! La agricultura es química. Todo es química. Todo en este mundo es una interacción entre moléculas. La química no es buena o mala; puede haber buenas o malas personas que utilicen la química para sus propósitos. Pero los agricultores utilizan la química todos los días para obener la mejor y más saludable comida posible. Cuando tú corres, la química de tu cuerpo te refresca y llena tu cerebro de endorfinas que te hacen sentir bien.
– Si las reacciones químicas pueden explicarnos por completo, ¿qué papel desempeñan emociones como el amor, el odio o la tristeza? ¿Son solo ilusiones?
– No, no..., son reales porque suceden. Y suceden por causa de la química. Podemos definir las emociones como el resultado polifuncional de muchas reacciones químicas. Esto se puede incluso sentir: cuando tenemos un susto muy grande, por ejemplo en el coche, de pronto sentimos un agujero en la tripa. Eso es la adrenalina liberada para tratar de salvarnos del accidente. Moléculas muy simples pueden causar emociones y sensaciones muy serias en nosotros.
– ¿Y qué sucede con Dios? ¿Hay espacio para la religión?
– Para mí no. Hay mucha gente que cree en algo sobrenatural, pero para mí la magia está en la realidad, en este mundo, y no necesitamos explicaciones que vayan más allá. Pero respeto totalmente a los creyentes. Mi mujer es católica y va a la iglesia, como muchos millones de personas que buscan en las religiones una explicación para este mundo y para lo que sucede después. En mi opinión, sin embargo, cuando morimos, cesa la interacción entre moléculas que nos hace ser. Y no creo que nuestra conciencia sea algo separado de esas moléculas involucradas.
– Después de recibir el Premio Nobel, le pidieron que mencionara dos libros que le hubieran marcado en su vida. Uno era 'Los límites del crecimiento' y el otro, tal vez más sorprendente, 'El señor de los anillos'. ¿Por qué Tolkien?
– Tolkien nos dio un mundo alternativo en el que el bien y el mal están muy bien explicados. Incluso los malos tienen personalidad, carácter. Es algo muy cercano a la realidad. En el mundo moderno tenemos mucha gente de ese estilo. Hay muchos tipos se proponen tomar decisiones por nosotros diciéndonos que es algo positivo. No debemos admitirlo. La libertad es extremadamente importante para la vida, tan importante como la comida diaria o como un techo para cobijarse. La libertad es lo que guía el desarrollo de la sociedad.
– Usted toca la guitarra, como comprobaron asombrados los estudiantes riojanos el jueves, y además se las construye usted mismo. Me recordó al físico Richard Feynman, también Premio Nobel, que amaba la música y tocaba los bongos. ¿Qué le aporta la música?
– La música es una alternativa al pensamiento científico. A mí me gusta de manera especial la improvisación. Pongo música y la acompaño con la guitarra. Me encanta la música africana y la sudamericana. ¡Así que también hay bongos! Creo que es una manera de interrumpir la línea de pensamiento continuo y de poner en juego una mayor creatividad: hay que tomar decisiones en cada segundo. Es un modo muy bonito de usar tu cerebro y te da unas capacidades que no tendrías si no tocaras música.
– En algún lugar he leído que Bob Marley era en cierto modo un referente para usted. ¿Es así?
– Sí. Es sencillamente muy bueno. Marley se da cuenta de lo que realmente importa en la vida y es capaz de traducir eso en letras y en ritmos muy sencillos que conectan emocionalmente con quien lo escucha.
– ¿Por qué le gusta fabricarse sus propias guitarras?
– Siempre me ha gustado hacer cosas. También fabrico instrumentos para el laboratorio. Me gusta hacer cosas.
– El mundo de la investigación científica parece, al menos desde fuera, muy competitivo. ¿Es difícil alcanzar el punto de equilibrio entre colaboración y competitividad?
– Nunca me he sentido muy competitivo. Creo que cuatro grupos diferentes pueden estar investigando sobre lo mismo y que sus resultados pueden al final darnos un panorama más amplio del problema.
– ¿El estrés por publicar artículos rápidamente es perjudicial para la investigación?
– Eso es muy dañino para la ciencia. Nosotros normalmente tenemos un tiempo muy largo de publicación porque muy fácilmente se pueden obtener unos resultados rápidos que sean malinterpretados, que parezcan buenos pero no sean precisos. La ciencia debe ser sólida.
– ¿Es difícil para un científico aceptar el fracaso?
– Es muy difícil, pero lo mismo sucede en otros campos. El novelista que entra en un vacío creativo y no es capaz de publicar año tras año se siente muy mal, y lo mismo sucede con el científico, con el político que no obtiene resultados...
– Hablando de políticos. Usted hace ciencia desde Dinamarca, en Europa. ¿La colaboración científica con los Estados Unidos será más difícil con la administración Trump?
– Sí, será más difícil porque la investigación científica va a sufrir recortes bajo la administración Trump. Creo que recortar en educación es la cosa más estúpida que un país puede hacer. La educación aporta verdaderas ganancias a lo largo del tiempo. No hace rica a una persona, sino a toda la sociedad. Eso es lo que sucedía en Estados Unidos en el pasado. Si el mundo actual está liderado por Estados Unidos y China, eso sucede gracias a las inversiones que hicieron en ciencia, no a pesar de ellas.
– En Europa se habla ahora de invertir mucho más en defensa. ¿Teme que eso vaya en detrimento de los fondos destinados a investigación científica?
– No... De la investigación en defensa podemos aprender, como de cualquier otra investigación. (Silencio) Por desgracia, se está haciendo necesario que nos preparemos seriamente para defender nuestra libertad. Para mí, como ya he dicho antes, la libertad es una de las cosas más importantes del ser humano. Es esencial mantener nuestra libertad para decidir lo que queremos y cómo lo queremos.
– ¿Siente la responsabilidad de haberse convertido en una especie de portavoz mundial de la química?
– Sí, por supuesto. Y no solo por haber ganado el Nobel, sino porque creo que la química tiene la capacidad de explicarnos por qué y cómo estamos aquí.
– Después de hacer un gran descubrimiento y de ganar el Nobel, ¿es posible volver al laboratorio y trabajar como antes?
– Sí; es algo en lo que me he empeñado. A mí me encanta la experimentación, me encanta construir los instrumentos, me encanta estar con los estudiantes.
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