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Cuando uno se imagina a un Premio Nobel, piensa en un tipo casi centenario, de una seriedad soviética, que habla en murmullos y va dictando doctrina como si ya estuviera subido a una peana. Los estudiantes riojanos descubrieron pronto, sin embargo, que Morten Meldal no responde a esos estereotipos. Por la puerta del Centro Cultural Gran Vía de Logroño apareció de repente un tipo muy alto, un poco desgarbado, con traje negro, corbata roja, melena blanca y bigote sonriente. Parecía un rockero. Era un rockero.
El 5 de octubre de 2022, a las once de la mañana, Morten Meldal recibió una llamada en su casa de Copenhague. Era un número sueco. Pensó que se trataba de una empresa que llevaba días dándole la tabarra para que comprase un instrumento para su laboratorio. Contestó con un sí seco, irritado, dispuesto a mandarlos a freír espárragos. Del otro lado, sin embargo, surgió una voz cortés que le informaba de que acababa de ganar el premio Nobel. «Alcé los brazos, pero me quedé en silencio –recordó este jueves–. Estuve callado durante tanto tiempo que los del comité se extrañaron. Me dijeron que lo normal era que la gente saltara, gritara...».
Mendal conoció el miércoles la calle Laurel, con su inevitable sucesión de vinos y pinchos, y este jueves mantuvo tres encuentros: con alumnos del grado de Químicas de la UR; con estudiantes de Secundaria participantes en el concurso de Divulgaciencia, organizado por la Fundación Caja Rioja; y con el público en general. Unos minutos antes de la cita con los chavales de la ESO y de Bachillerato, en el Centro Cultural Gran Vía, Meldal fue recibido por el presidente de La Rioja, Gonzalo Capellán, por el consejero de Cultura, José Luis Pérez Pastor, y por el presidente de Fundación Caja Rioja, Pablo Arrieta. Luego entró en la sala y comenzó el espectáculo. Meldal no dio una conferencia. Se acomodó junto al atril, de pie, se agachó lo justo para llegar al micrófono, e incitó a los chavales a que le preguntaran cosas.
A Meldal le dieron el Premio Nobel porque había descubierto, junto con los americanos Karl Sharpless y Carolyn Bertozzi, la «química click», un sistema que permite unir moléculas de forma eficiente, rápida, específica y selectiva. Sin embargo, ante los estudiantes de Secundaria no quiso descender a los pormenores más abstrusos de su investigación, sino que prefirió contagiarles su pasión por la ciencia, por el arte de hacerse preguntas nuevas y de intentar responderlas. «El talento –les dijo– es la capacidad de imaginar nuevas cosas». A un chaval que le pidió consejo para dedicarse a la investigación le recomendó, ante todo, descubrir lo que de verdad le apasiona. «Una vez que lo sepas, lánzate a por ello –le conminó–. Busca el mejor lugar para hacer esa investigación y vete allí. Pero, cuando seas experto en un área determinada, no tengas miedo de salir de ella para aprender nuevas cosas».
A veces en inglés y a veces en castellano, con el matemático Eduardo Sáenz de Cabezón como presentador/traductor, los estudiantes riojanos fueron animándose a charlar con el Nobel. Meldal les habló de los extraños caminos que a veces sigue la ciencia y de la necesidad de mantener la mente abierta. Cogió su teléfono, lo enseñó y les dijo: «Siete premios Nobel han estado implicados en este móvil; y todos sus descubrimientos fueron debidos a la serendipia». Según el Diccionario de la RAE, la serendipia se define como un «hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual». Lo mismo sucedió con la química clic.
Al acabar la cita, cuando todavía había manos alzadas entre el público, pero el tiempo ya apremiaba, a Morten Meldal le acercaron una guitarra eléctrica, rasgueó sus cuerdas y les tocó un tema a los chavales. El científico danés tiene una banda de rock y fabrica sus propias guitarras. Luego, entre al aplauso de los jóvenes, volvió a subir al escenario y se despidió: «Tengo 71 años y soy el hombre más privilegiado del mundo por poder hablar con talentos tan jóvenes como vosotros. Muchas gracias por venir». Los asistentes, en grupitos, corrieron a hacerse selfis con él, como si fuera una estrella de rock. En cierto modo lo es.
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Javier Campos | Logroño y David Fernández Lucas | Logroño
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