Las guerras de la presente década son una descomunal picadora de carne. La invasión de Ucrania por Rusia contabiliza ya más de 500.000 bajas entre muertos y heridos en menos de dos años. El conflicto que enfrenta a Israel y Hamás se ha cobrado ... 10.000 vidas en un mes. Hoy se cumple. De ellas, 4.000 son niños. La capacidad de depredación infantil de esta confrontación es radical. Brutal. Desconocida. Basta compararla con el dato de que entre 2016 y 2020 se registraron 13.000 muertes de menores de corta edad en zonas bélicas. Y para ese balance hay que reunir las guerras de Afganistán, Nigeria, Somalia, Siria y Yemen.
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No es extraño, por lo tanto, que 18 agencias de la ONU, entre ellas Unicef, el Programa Mundial de Alimentos y la Organización Mundial de la Salud, se hayan unido para exigir un «alto el fuego humanitario inmediato» en la Franja, pero cuya materialización se antoja un milagro. Las Fuerzas de Defensa informaron este lunes en la prensa nacional de la inminencia de la «gran ofensiva» sobre Gaza City que Tel Aviv hn anunciado desde la conmoción del 7 de octubre por la masacre de Hamás. Sin embargo, se desconoce cómo, cúando y qué objetivos atacará.
En realidad, podría denominarse 'operación llueve sobre mojado'. Porque el desmantelamiento de la infraestructura yihadista avanza ya a notable velocidad generando tal destrucción que una cuarta parte de la trama urbana del norte de Gaza ha desaparecido convertida en polvo. Israel manda en el cielo de la guerra y en el infierno de la tierra. Según un portavoz militar, la aviación, la Armada y la artillería acabaron en la madrugada de este lunes con 450 puestos de observación, emplazamientos de cohetes y bases de la milicia, que aseguró que 200 civiles murieron durante la lluvia de fuego.
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Los ingenieros militares entraron durante la mañana en algunas de las áreas bombardeadas en busca de restos de la logística yihadista. El ejército cree que los «fuertes»ataques nocturnos provocaron graves daños «tanto bajo tierra como sobre ella», hundieron kilómetros de túneles y colapsaron refugios subterráneos.
La incursión permitió además penetrar por primera vez en el núcleo de la cúpula militar yihadista. Las tropas dieron con un «gran bastión» de Hamás que además del habitual entramado de salas y pasadizos bajo tierra disponía de campos de entrenamiento y emplazamientos desde los que los terroristas vigilaban la llegada del ejército. Durante la captura, los soldados abatieron a varios yihadistas que custodiaban la base. Ahora mismo se encuentran a menos de dos kilómetros del hospital Al-Shifa, bajo cuyos cimientos Tel Aviv afirma que está el cuartel general de Hamás.
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La sensación de que en la última jornada se han producido ataques de especial importancia para Israel la rubricó el ministro de Defensa, Yoav Gallant, quien hizo una aparición pública para destacar que las operaciones habían sido «muy impresionantes» y que la combinación de la fuerza aérea y la terrestre «está sacudiendo la Franja». Su gabinete anunció que había aprobado planes adicionales militares, se supone que para reforzar la ofensiva. El ejércitocerró este fin de semana la tenaza en Gaza City y dividió el territorio en dos mitades. Su intención, «siguiendo tácticas de guerra convencionales», persigue aislar a los islamistas en sus cuarteles del norte y mantenerles aislados del sur, de manera que no puedan trasladarse hacia esta zona pero tampoco recibir nuevos voluntarios ni suministros de los que entran por el paso de Rafah desde Egipto. Es decir, encerrarlos en una burbuja donde, no cabe olvidarlo, residen 400.000 civiles.
Para Gallant, una de las razones de las recientes conquistas reside en las muertes de una decena de altos mandos de Hamás. La desaparición de estos comandantes de brigada y de batallón -al menos una quincena desde el inicio de la crisis- se empieza a evidenciar ahora, cuando la ausencia de suficientes jefes con experiencia está «perturbando» los ataques de la milicia y convierte algunos de ellos en movimientos anárquicos. Una unidad muy importante en la lucha urbana como la de drones permanece tocada desde que fueran abatidos Asem Abu Rakaba, jefe del conjunto aéreo, que comprende los aviones no tripulados y parapentes, y Murad Abu Murad, quien fuera responsable de su fuerza aérea.
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Mikel Ayestaran
Si la Seguridad Nacional cometió flagrantes fallos que impidieron prevenir la masacre terrorista en los kibutz, ahora ha afinado su diana. La aviación y la Inteligencia han sido claves en estas decapitaciones. Casi todos los asesinatos lo han sido con bombardeos dirigidos. «Algunos de los que eliminamos hace días fueron reemplazados por otros, y éstos también han sido eliminados», explicó Gallant, quien acusó al principal líder yihadista en Gaza, Yahya Sinwar, de «esconderse en su búnker, como hizo Hitler», mientras «deja morir a los comandantes de campo».
Dos de los últimos jefes abatidos figuraban en la lista de prioridades de las Fuerzas de Defensa: Jamal Musa y Wael Asfeh. El primero estaba a cargo de las operaciones especiales de Hamás mientras Asefh comandaba el batallón Deir al Balah, que dirigió a parte del grupo de élite yihadistas Nukhba en la masacre de los kibutz. Este lunes, al mes de aquella matanza, Tel Aviv puso de nuevo en marcha el centro de mando de Nahal Oz, justo enfrente de la Franja, varios de cuyos soldados fueron asesinados o secuestrados por Hamás.
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