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La tensión que rodea las negociaciones entre el PP y Vox para configurar los ejecutivos autonómicos en los que la derecha radical quiere hacer valer sus escaños para tocar poder reventó este martes por el flanco de Extremadura, apenas una semana después de que el ... pacto de Gobierno en la Comunidad Valenciana acelerara por sorpresa unos acuerdos sobre los que pesa ahora la sombra de las cesiones de los populares en un asunto tan nuclear en el debate político y social como la lucha contra los feminicidios. No fue este el único argumento que blandió la nueva baronesa extremeña, María Guardiola, para negarse a aceptar las exigencias del partido de Santiago Abascal, lo que acabó entregando la presidencia de la Asamblea regional a un PSOE que se aprestaba ya a hacer las maletas tras su pírrica victoria el 28-M.
Pero su sonoro «yo no puedo dejar entrar en el Gobierno a aquellos que niegan la violencia machista» contrastó con los equilibrios que está protagonizando el partido tras asumir la terminología rebajada de Vox. Un pie en pared que Guardiola remató con el desafío de ir a una repetición electoral para que los votantes evalúen cómo resolver el puzle.
El PP de Alberto Núñez Feijóo salió del reto del 28 de mayo lanzado hacia unas generales que el presidente Sánchez adelantó tras el descalabro del PSOE al 23 de julio, pero consciente de que los pactos con el partido ultra –necesarios para desbancar a los socialistas en una comunidad capital como la valenciana y también en Extremadura y Baleares– podían minar con espinas el camino alfombrado hacia la Moncloa por el escrutinio de la municipales y autonómicas. Anclado en el discurso invariable de su líder de que aspira a gobernar en solitario, los populares salvaron la constitución este sábado de los ayuntamientos con acuerdos quirúrgicos con la extrema derecha, casi los imprescindibles.
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Pero no ha conseguido diluir el efecto de su fulgurante alianza en la Comunidad Valenciana, que ya ha mostrado su toxicidad al obligar a Feijóo y otros dirigentes del partido a salir al paso de la negación que Vox hace de la violencia machista, diluida en la «intrafamiliar» en el acuerdo firmado por Carlos Mazón y que ha venido a asumir también la líder de la formación en Baleares, Marga Prohens, menos necesitada del apoyo de la extrema derecha que su homólogo dado que ella sumó el 28-M más escaños que toda la izquierda junta.
Feijóo surfeó los problemas que le está generando el negacionismo de los de Abascal en una entrevista el lunes en la Ser que acabó reportándole una ola de críticas de la izquierda por contextualizar la condena por maltrato psicológico del candidato valenciano de Vox, Carlos Flores, en un «divorcio duro». Pero las disonancias resonaron este martes de nuevo en el contraste entre una Prohens que ha transigido con que presida el Parlamento balear el diputado voxista Gabriel Le Senne –autor, entre otros mensajes machistas, homófobos y xenófobos– del tuit «Las mujeres son más beligerantes porque carecen de pene»– y una Guardiola que se ha quedado sin esa presidencia, y quién sabe si la del Gobierno, por su plante ante las exigencias de Abascal y los suyos para entrar en el Ejecutivo e imponer su discurso.
La paradoja es que, al tiempo, la dirección de Feijóo cree haber encontrado en Extremadura un secante ante el PSOE y un activo para concentrar el voto en torno a su líder frente a un Vox que antepone su precio a la derogación del 'sanchismo'. «Se les rompe el discurso a Vox y al PSOE», resumen en Génova. A los primeros porque «su electorado sabe ahora que somos la única alternativa de cambio al Gobierno de Sánchez con Podemos». Y a los segundos, «porque tenemos un criterio que no sometemos al antojo de la minoría», como demostrarían la actitud de Guardiola o haber dado al PSC la Alcaldía de Barcelona.
En la comunidad extremeña, la reelegida presidenta socialista de la Asamblea, Blanca Martín, maneja ahora un calendario que abre un período de 15 días para presentar candidaturas a presidir el Gobierno y otros 15 para formalizar programas. La investidura, que hoy sería fallida, podría celebrarse así en puertas del 23-J. Y con Guardiola señalando a Vox como culpable del bloqueo del cambio.
El PP ha entregado este martes la presidencia del Parlamento de Baleares al diputado de Vox Gabriel Le Senne, protagonista por sus mensajes xenófobos y machistas vertidos desde hace años en sus redes sociales. «Las mujeres son más beligerantes, porque carecen de pene», o «la brasa climática», en referencia al cambio climático, son algunos de los polémicos mensajes que el nuevo presidente del Parlamento balear ha publicado en su cuenta de Twitter durante los últimos años.
Le Senne ha sido elegido presidente con 34 votos a favor de PP, Vox y s'Unió, tras el preacuerdo alcanzado entre PP y Vox durante la noche del lunes, por el que los populares asumen determinados postulados de la ultraderecha, como el concepto de violencia intrafamiliar o la libre elección de lengua y la modificación de determinadas normativas lingüísticas.
En relación a los mensajes xenófobos y machistas publicados en el pasado por el nuevo presidente del Parlament, Sebastià Sagreras, portavoz del PP en Baleares, ha remarcado que «Vox es otro partido» y que, aunque no ha leído estos tuits, «hay muchas cosas que el PP no comparte».
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