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Este pasado domingo hemos cumplido con uno de los dos cambios al año de la hora del reloj. Desde que Benjamin Franklin ideara la medida ... en 1784 con fines de ahorro energético (para disminuir el consumo de velas y ahorrar dinero, dijo), casi toda Europa y Estados Unidos cumple con el ritual: el último domingo de marzo se adelanta una hora el reloj, restableciéndose posteriormente en octubre.
La idea, implementada en 1918 para ahorrar energía y mejorar la salud y bienestar, es controvertida. Ha contado con defensores como Churchill que opinaba que aumentaba la salud y felicidad, y acérrimos detractores que cuestionan sus supuestos efectos positivos. En realidad altera uno de los sentidos del ser humano que necesita situarse en el espacio y en el tiempo, ajustando temporalmente su ritmo biológico de vigilia y sueño a las horas de sol o penumbra naturales, en función de la época del año; consecuentemente, la experiencia del tiempo y su ajuste a ella es una de las bases para el bienestar.
La polémica ha estado servida. Por ello se han realizado investigaciones para conocer cuál es el impacto real que comporta alterar el ajuste horario del natural especialmente en el sueño y la salud, y en el ahorro de energía. Adelantar los relojes en primavera, como acabamos de hacer, supone que vayamos a dormir y despertemos antes, lo cual altera el descanso manteniéndonos más horas en activo; mientras que el horario de ajuste del reloj en octubre parece ser que es mejor para restablecer las pautas de vigilia-sueño naturales.
Las consecuencias se reflejan negativamente en la salud cardiovascular, aumento de la diabetes u obesidad y trastornos del humor o incremento de accidentes de tráfico, entre otras. Los estudios tampoco demuestran suficientes argumentos económicos para mantenerlo porque alargar las horas con luz también genera mayor actividad humana y mayor consumo energético. Popularmente, una encuesta realizada en Inglaterra mostró que el 84% de ciudadanos prefieren eliminar el cambio horario, y en Estados Unidos, el 63%.
Para los que lean esta columna y sean detractores del cambio horario, la buena noticia es que, oficialmente, está previsto que el ajuste de este octubre de 2025 sea el último para los relojes españoles. Quizás hayan ganado los argumentos de la artificialidad de la medida y su escasa repercusión en la economía, la salud y el bienestar de los ciudadanos, intentando que no suceda lo de la canción de los Panchos: «Reloj no marques la hora porque voy a enloquecer...».
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