Quizá el término odre no resulte demasiado frecuente en nuestro vocabulario habitual, muchas veces entremezclado con expresiones que, aunque tienen su origen en la Biblia, ... no siempre se identifique su procedencia.
La famosa expresión de Jesús de Nazaret, «a vino nuevo, odres nuevos» (Lc 5,38), seguro que a más de uno le suena. La afirmación, como tantas veces, tomada de los elementos comunes de la vida ordinaria de la gente, la emplea Jesús para indicar su deseo de una renovación total en la persona, evitando parches que, en vez de remediar un problema, lo terminan agravando.
Sin embargo, nosotros no terminamos de vencer la tentación de los parches, supuestas soluciones parciales que, al no estar en sintonía con el conjunto de los remedios, dejan al «odre» del que se trate muy maltrecho, con la pérdida que supone.
En el escenario actual en el que nos encontramos creo que podemos encontrar muchos ejemplos de lo que venimos diciendo, porque si las imágenes elegidas están tomadas de la vida cotidiana es porque quieren iluminarla, si se acepta la lección.
Se habla estos días de solidaridad para paliar el problema generado por la entrada de jóvenes migrantes por diferentes medios, de un modo muy particular y dramático en la zona de Canarias. Pero al mismo tiempo se fuerza a que unos lugares sean más solidarios que otros por los pactos establecidos con las diferentes comunidades autónomas. Se pide que se cumplan las leyes cuando otras, con sentencias firmes, están lejos de llegar a ponerse en práctica. Nos preocupa el problema de la trata de personas, la mayoría de ellas relacionadas con el mundo de la prostitución, pero no por ello disminuye su clientela, y la pornografía, que a veces va en la misma dirección, se ha colado con tranquilidad en nuestras pantallas, durante años, sin una mirada crítica, que hoy vemos que denuncian muchos estudios. Se frivoliza con el consumo de sustancias y con las relaciones sexuales y nos encontramos con unas estadísticas relacionadas con la salud, física y psíquica, que sobrecogen. Hay empeño en salvar vidas con las advertencias sobre el tabaco, las medidas de tráfico, etcétera, y, sin embargo, se favorece la práctica del aborto (más de 100 mil cada año en España) y de la eutanasia, sin ofrecer soluciones alternativas a estas situaciones que suponen siempre una derrota social. Y las manifestaciones, según se hagan en un sitio u otro, aunque sean respetuosas con las cosas y las personas, no son miradas igual por la ley, que ya no entra en la cuestión de los «piquetes informativos».
Cada mes de marzo, con motivo de la festividad de la Encarnación, la Iglesia celebra la Jornada por la Vida
Todas estas situaciones, como otras que podríamos añadir, son ejemplos de posibles remiendos que dejan sin solucionar la problemática que tratan de atajar y ponen de manifiesto la incoherencia con la que a veces nos movemos, independientemente de quien las propicie y las sostenga, lo que supone una orientación en nuestra sociedad de la que todos somos responsables en mayor o menor medida.
Se trata de problemáticas relacionadas con la vida humana, sagrada desde la perspectiva cristiana, de la que hemos sido constituidos sus administradores, y no dueños, propiamente hablando.
Cada mes de marzo, con motivo de la festividad de la Encarnación, la Iglesia celebra la Jornada por la Vida. Se celebra toda vida humana, independientemente de su estado, edad, o circunstancias en las que se encuentre. Sería otro parche que rompe el odre valorar sólo algún aspecto de la vida, y silenciar o minusvalorar otro. Todas las causas que favorezcan el desarrollo integral de la persona y su dignidad deben ser tenidas en cuenta: los nacimientos, las condiciones labores, la vida familiar, la suerte de los migrantes, el trato debido a las personas, etcétera.
En Logroño lo hemos adelantado al sábado 22, para celebrar una vez más una concentración por la vida, acto que hemos tenido que trasladar del Espolón por causa de la lluvia. En un ambiente festivo en el que han participado pequeños y mayores, entre otras propuestas, hemos escuchado varios testimonios de personas que han apostado por la vida en diferentes facetas, ayudadas por realidades eclesiales. Los tambores de las cofradías que nos han acompañado en esta jornada nos han recordado el tiempo en el que nos encontramos, camino de la Pascua, donde la vida triunfa por encima de todo.
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