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Menudo lío se ha montado entre 'El Hormiguero' de Pablo Motos y 'La Revuelta' de David Broncano. En realidad, la bronca viene de lejos, ya ... desde el inicio de la temporada, porque en la España polarizada, esa que últimamente ve todo bajo el prisma de progres o fachas, hemos magnificado este duelo televisivo convirtiéndolo en una extensión de la pugna política que vivimos.
Me niego a caer en este juego. Me gustan ambos programas, pero me da pena que su batalla por las audiencias se esté llevando a un terreno fanganoso que nada tiene que ver con el entretenimiento y al que ambos se están dejando arrastrar.
El pasado jueves, 'La Revuelta' anunció como invitado al campeón mundial de MotoGP, Jorge Martín. Al final se tuvo que cancelar porque 'El Hormiguero' le llamó para recordarle que había firmado una exclusiva con ellos para ser los primeros en entrevistarle. Broncano decidió contarlo en su programa, acusando a Pablo Motos de boicot, y los comentarios empezaron a desbordar las redes sociales y también los medios de comunicación.
Sinceramente, no entiendo la polémica. 'El Hormiguero' tenía un contrato y lo único que hizo fue exigir que se cumpliera. No hay ningún boicot ni competencia desleal. Es más, ni siquiera es algo novedoso, porque los medios lo llevan haciendo toda la vida. Si tú firmas una exclusiva, la tienes que respetar. Esto pasa, por ejemplo, en la prensa rosa, donde además hay dinero de por medio. Pero también en otro tipo de formatos, incluso en los informativos.
Por eso me ha sorprendido tanto aspaviento por parte de bastantes periodistas, que han cargado duramente contra la forma de actuar de Pablo Motos. Escuchando a algunos, de hecho, he vuelto a reafirmar hasta qué punto puede llegar el nivel de la hipocresía humana. Y les pondré tan solo un ejemplo, aunque me ahorraré poner nombres.
Hace años trabajé en comunicación gubernamental, en el gabinete de prensa de un ministerio. En mi primer día, me empezaron a llamar bastantes periodistas para pedir una entrevista con la ministra y mi idea era concederlas siguiendo un estricto orden de petición. Pero a última hora de la tarde recibí la llamada de un divo de las ondas, muy simpático él, pidiéndome también una entrevista. Cuando le dije que tenía a otros compañeros por delante, cambió su tono. Ya no era simpático, sacó a la hidra que llevaba dentro, y me dijo lo siguiente: «Tú verás, cariño, pero como no me concedas a mí la primera entrevista, voy a estar poniendo a parir a tu ministra toda la legislatura en mi programa».
Me ha hervido la sangre cuando he visto estos días a este mismo periodista criticar duramente a Pablo Motos por supuesto juego sucio. Pero bueno, no es la primera vez que me quedo atónito ante la hipocresía de muchos compañeros de profesión, que se dedican a decir a los demás cómo tienen que pensar y vivir y luego ellos hacen todo lo contrario a lo que pontifican. Supongo que será cosa de la imperfecta naturaleza humana.
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