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El premio
A la última ·
Qué gran futbolista que es y qué poco don de palabra tiene, piensa; con razón dio un discurso tan pobre cuando recogió la Bota de OroSecciones
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Qué gran futbolista que es y qué poco don de palabra tiene, piensa; con razón dio un discurso tan pobre cuando recogió la Bota de OroEl mundo se divide entre los que se duchan por la mañana y los que se duchan por la noche. Paco C. prefiere ducharse antes de acostarse; le gusta sentir cómo los restos del día se mezclan con el gel y se van por el desagüe hechos espuma. Esa noche se mete en el baño cuando acaba el resumen de los Globos de Oro; lo ve solo, María se ha ido pronto a la cama y ya duerme. Intentando no hacer mucho ruido, se da una ducha morosa y se seca con el albornoz del Real Madrid que le regaló su hijo Fran. Después, todavía con algunas gotas de agua corriendo por sus pantorrillas, se peina con la mano, coge el champú anticaída y lo sostiene delante del espejo. «De verdad, no me lo esperaba. Es un gran honor para mí», dice bajito. Y continua dándole las gracias al director, que ha sabido extraer de él su mejor interpretación, y le dedica el premio a su mujer y a sus hijos por aguantar sus constantes ausencias de casa, y a su agente, y a sus padres, que lo estarán viendo desde el cielo.
«¿Qué haces que no te acuestas, Paco?», oye de repente. Entonces, se le congela la sonrisa y se vuelve a mirar en el espejo: ve a un contable con alopecia incipiente envuelto en un albornoz blanco que sostiene un champú en la mano. «Idiota», murmura. Con el ridículo aún en el cuerpo termina de secarse, se pone el pijama y se mete en la cama. María se ha vuelto a dormir y él intenta hacer lo mismo, pero no puede. Se pone los auriculares y sintoniza un programa de deportes. Están entrevistando a Messi. Qué gran futbolista que es y qué poco don de palabra tiene, piensa; con razón dio un discurso tan pobre cuando recogió la Bota de Oro. El suyo, en cambio, sí que fue bueno.
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