Imagina por un momento ser madre o padre soltero. Imagina levantarte cada mañana con el peso de criar a tus hijos sola, de llegar a ... fin de mes con un solo sueldo, de ser el único pilar para esos pequeños que dependen de ti. Ahora imagina que, tras años de lucha y tras la aprobación de una ley que prometía ser un salvavidas, tu Gobierno te da la espalda. Eso es lo que viven hoy las familias monoparentales en La Rioja, atrapadas entre la esperanza de una ley pionera y la indiferencia de un Gobierno que parece haber olvidado su deber.
Han pasado casi dos años desde que, el 7 de marzo de 2023, se aprobó la Ley 3/2023 de familias monoparentales en La Rioja. Fue un hito al ser la primera ley en España que reconocía las necesidades de estas familias, mayoritariamente lideradas por mujeres valientes que sostienen el 81% de estos hogares. Una ley que prometía protección social, económica y jurídica; un faro de esperanza para más del 4% de las unidades familiares riojanas. Pero ¿qué ha pasado desde entonces? Nada. O casi nada. Solo se ha habilitado un registro oficial que carece de utilidad práctica y que no concede derecho alguno a este colectivo tan vulnerable; que sólo aprueba y tramita solicitudes de acreditación de esta condición, un trámite vacío que no cambia vidas y ni siquiera responde preguntas tan básicas como cuántas familias monoparentales hay en nuestra región.
El Gobierno del PP en La Rioja dice que es la tramitación de la Ley de Familias a nivel nacional la que les frena. ¿En serio? Nuestra ley ya está aprobada, su propósito es claro y su mandato, urgente. No se trata de esperar excusas, sino de actuar. Porque detrás de cada número hay una historia: una madre que no puede pagar las clases extraescolares de su hijo, un niño que se queda sin transporte escolar, una familia que no accede a las ayudas sociales que le corresponden. Hablamos de derechos, de dignidad, de justicia.
Sólo se ha habilitado un registro oficial que carece de utilidad práctica y que no concede derecho alguno a este colectivo tan vulnerable
No es solo una cuestión de reglamentos pendientes —que lo es, porque la ley exige su desarrollo con «máxima celeridad»—. Es una cuestión de humanidad. ¿Cómo se explica que, en pleno 2025, un Gobierno mire a otro lado mientras mujeres y niños, los más vulnerables, quedan desprotegidos? La Convención sobre los Derechos del Niño, que España firmó, nos obliga a priorizar el interés superior de los menores, a protegerlos de toda discriminación. Pero aquí, en La Rioja, el mensaje del PP parece ser otro: «Esperen, no es nuestra prioridad».
Duele leer que, en la última sesión del Parlamento riojano, este Gobierno y el PP votaron en contra de una iniciativa que les urgía a cumplir con su deber. Duele porque no es solo inacción, es indiferencia. Y la indiferencia discrimina, hiere, abandona. Duele porque esas familias monoparentales no piden favores, piden lo que les pertenece, un apoyo real que les permita salir adelante, que les devuelva la fe en un sistema que debería protegerlas.
Hay que recordarle al PP que esto no es una cuestión de si me gusta más o menos un tipo de familia. No se trata de modernidad ni de ideologías. Se trata de mirar a los ojos a esas madres y a esos niños y decirles que importan. Que sus luchas no son invisibles. Que el Gobierno de La Rioja no puede seguir dándoles la espalda. Porque cuando una ley se queda en papel mojado, no solo falla la política: falla el corazón de una sociedad que dice llamarse justa.
Es hora de que el PP despierte. Es hora de que cumpla con la ley, con la Constitución, con los niños y niñas de La Rioja. Es hora de que las familias monoparentales dejen de ser un eco ignorado y se conviertan en una prioridad viva. Porque no merecen menos.
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