Cuestionarse es la única manera de tratar de resolverse. Para seguir cuestionándose, evidentemente. La vida también es un conjunto de preguntas que se van sucediendo a lo largo de nuestra existencia, como concluye la socrática expresión de que una vida que no se cuestiona no ... merece ser vivida. Somos un interrogante que respira, una curiosidad que late, una duda que siente. La respuesta está en el viento porque vuela hacia la siguiente pregunta, un viento que vuelve y revuelve que traslada las nubes para dar paso al vuelo de las ilusiones.
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Nuestro cerebro es el lugar de grandes posibilidades como la imaginación, la creatividad, el lenguaje o las emociones. Y también el sitio en el que podemos desarrollar el pensamiento crítico desde la autonomía que se va construyendo a medida que nos deshacemos de la sombra de los prejuicios y de la carga de las costumbres más paralizantes que heredamos. Pensar también es desaprender y liberarse. La neurociencia nos descubre que hay muchas áreas involucradas en el proceso de imaginar en el que una asociación de neuronas nos hace capaces de tener pensamientos libres y creativos. Y de expresarlos, ya que nuestra esencia se construye sobre la memoria y el lenguaje.
Es preciso recordar que todos los hombres y mujeres son filósofos por el hecho de ser hombres y mujeres, como afirmó el filósofo Karl Popper. Y si no somos conscientes de tener problemas filosóficos, en cualquier caso, tenemos prejuicios filosóficos. La mayor parte de estos prejuicios son convicciones que inconscientemente damos por sentadas o que hemos absorbido de la tradición. Y en estos tiempos de falsas noticias, banalidades varias, frivolidades extremas, pseudoterapias engañosas o felicidades desérticas urge detenerse en el oasis de la reflexión.
Antes que obedecer hay que pensar, es decir, hay que cuidarse cuestionándose a uno mismo, porque eso es exactamente el sentido del cogito ergo sum cartesiano. La etimología, siempre bella y clarificadora, nos dice que 'cuidar' y 'pensar' tienen la misma procedencia del vocablo latino 'cogitare'. Una prueba más de que existen palabras suficientes para expresar el mundo posible e imaginación necesaria para concebir el que parece imposible.
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Podemos pensar juntos para pensarnos juntos, podemos disfrutar del placer de idear, de degustar las palabras, de transmitir las ideas, de escuchar a los otros concentrados en sus gestos, en su mirada, en su entonación, porque nosotros somos los otros. En el tricentenario del nacimiento del filósofo Inmanuel Kant, que rechazó el dogmatismo defendiendo el uso de la libertad responsable y la idea de ciudadanía común, podemos tomar las riendas de nuestra autonomía y darnos el imperativo de ejercerla. Y debemos. Piénsate, luego no te descartes y déjate seducir por el enKantamiento de esta odisea gratuita llena de luz que es la aventura del pensamiento. Así que el día menos pensado nos ponemos juntos a pensar por todos los rincones de la ciudad y, por tanto, a cuidarnos. Entonces menos será más y ayer ya será hoy, el día más pensado.
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