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Parece que es un hecho que la Dirección General de Tráfico (DGT) va a disminuir la tasa de alcohol permitida a los conductores de vehículos. ... Llama la atención la rara unanimidad en casi todos los sectores sociales sobre la conveniencia de la medida, sin que se escuchen voces discrepantes, como si fuera pecado criticar la norma, ya que la decisión tendrá consecuencias económicas, por ejemplo: no se podrá beber una copa de vino en la comida y conducir después, es decir no se podrá ir a restaurantes con tu propio coche, salvo que no bebas vino. En contraste, si hablas con amigos y conocidos, no les ha caído tan bien la medida, sobre todo entre quienes acostumbran a acompañar la comida con una copa de vino.
Vaya por delante que no bebo alcohol, salvo en escasas celebraciones festivas que acompaño con vino de Rioja –viene a mi memoria aquel paisano que fue al médico y, al ver los análisis, le preguntó «¿Usted bebe mucho?», y el hombre contestó «No, yo no bebo», a pesar de que bebía cuatro litros de vino al día, la cuartilla, porque no tomaba copas de destilados, que era lo que, en el medio rural, se consideraba beber–, pero no me ha caído bien la medida, aunque no descarto que sea necesaria, porque me parece un avance en esa incesante pérdida de libertades individuales que nos acosa últimamente.
Es evidente que quienes toman la medida lo hacen pensando en disminuir el número de accidentes de tráfico y posiblemente tengan estadísticas que aconsejen la decisión de reducir la tasa de alcohol, pero, después de pensarlo reposadamente, me entraron dudas y decidí investigar la relación entre accidentes de tráfico y tasa de alcohol en conductores. Busqué entre las muchas tablas y estadísticas de la DGT y otros organismos, pero no había apenas nada que comparase accidentes con tasas entre 0,10 y 0,25 con tasas inferiores a 0,10. Lo único que encontré es una tabla de la DGT, de 2017, de conductores implicados en accidentes mortales; dice que, a partir de 0,25 hay más de 30 implicados, pero entre 0,15 y 0,25 sólo hay 2, lo cual no deja muy claro la necesidad de la medida.
Sin poner en duda el buen hacer de la DGT y su obligación de buscar reducir el número de accidentes de tráfico –no hay más que recordar los tiempos en que el beber no era impedimento para conducir y todos los fines de semana veraniegos había multitud de accidentes nocturnos–, y si las estadísticas de accidentes coinciden con esta tabla, tengo el interrogante de si no estaremos intentando matar moscas a cañonazos. Porque me temo, como suele ocurrir con casi todas las restricciones a la libertad individual, los que delinquen lo seguirán haciendo, mientras que los cumplidores verán coartadas dichas libertades.
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