Secciones
Servicios
Destacamos
Mi abuelo, que entendía la caza y la pesca como importantes suplementos de la alimentación, me contaba que no cazaba codornices ni perdices porque, en ... aquellos tiempos, gastar un cartucho para abatir animales de tan poca carne no merecía la pena. Sólo disparaba a liebres o conejos, si estaban quietos, que eran tiros seguros y, sobre todo, le gustaba cazar con galgo, que no necesitaba gasto en pólvora. Tengo contado que en el año 1941, llamado 'el año del hambre', como el título de una de mis novelas, porque la seca se llevó por delante las cosechas, en casa de mi abuelo se comieron 51 liebres, la mayoría víctimas de un galgo llamado Ladrón, que las corría con maña, pero al que mis tíos seguían en su correr porque, si llegaban tarde, mordía las piezas; vamos que se las comía. Ha venido todo esto al recuerdo, traído por esa memoria de infancia que siempre nos acompaña, al rememorar el viejo y muy conocido refrán que dice: «Con pólvora del rey no hay tiro largo». La frase pone en contraste el ahorro de mi abuelo, que disparaba con pólvora propia, con el dispendio de quienes gastan pólvora ajena, pólvora del rey.
Este refrán desenmascara la actitud, tan humana y tan frecuente, de quienes son muy mirados cuando han de gastar de lo suyo, pero derrochan si el dinero no es de su bolsillo, si es pólvora del rey. En realidad, no hay demasiados que puedan gastar dinero ajeno, si exceptuamos a los bancos; o quizá sí, pero suelen pertenecer a la misma profesión: la política. Ya estamos acostumbrados al derroche del dinero público, que en ocasiones puede estar justificado y en otras no, y no suele haber consenso entre los ciudadanos sobre qué partidas de gasto son necesarias y cuáles son un derroche, depende del color del cristal con que se mire. En general, este trágala de los gastos públicos lo tenemos asumido –a la fuerza ahorcan–, pero, en mi caso, hay una excepción que me cuesta asumir: los gastos en 'caridad'. La caridad, la beneficencia, siempre se ha ejercido de forma particular, a ser posible sin que se entere tu mano derecha de lo que hace la izquierda. Sin embargo, los gobiernos se hartan de destinar nuestro dinero a múltiples acciones benéficas, generalmente disfrazadas de justicia social, aunque a veces no lo sean tanto, por lo que de facto nos obligan a todos a ejercer una caridad por la que no nos preguntan.
Sí creo que la beneficencia ha de realizarse con dinero propio, para que quien la protagoniza sienta la ausencia de aquello de lo que se desprende en beneficio, se supone, de quienes más lo necesitan. No se debe alardear de bueno, de generoso, y presumir por ello, con el pecunio de todos. Es muy fácil ser bueno y dadivoso con el dinero de otros. Con la pólvora del rey.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.