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Es sabido que, en cierto modo, la misión de escritores y articulistas es hablar o escribir de lo humano y lo divino, sobre lo que ... se domina y sobre lo que no. Un viejo amigo, columnista, cuando le preguntaban sobre su oficio, solía contestar: «Ya sabes, se trata de escribir de todo, sin saber de nada». Esta exageración tiene, sin duda, un punto de verdad, no sólo por la natural necesidad de escribir de temas de actualidad, sobre los que no se tiene demasiado conocimiento, sino por esa extraña atracción que siente el ser humano hacia lo que le es ajeno. Todos conocemos a personas que se empecinan en hablar de temas sobre los que saben poco, mientras que pueden ser reacios a comentar aquello que conocen bien. Mi abuelo, cuando veía el poco arte que yo me daba cavando la huerta, solía decir aquello de «zapatero a tus zapatos», pero no es consejo que todos estemos dispuestos a seguir, pues esa atracción fatal hacia lo desconocido suele ser más fuerte que la lógica cartesiana de la realidad y de la escasa sabiduría.

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larioja Hablar de lo que no sabes