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Acabo de leer en la prensa el fallecimiento, a los ochenta años, de Françoise Hardy, que sufría un cáncer y había hecho campaña, no hace ... mucho, a favor de la eutanasia. La cantante y modelo francesa fue una mujer muy admirada mientras cruzaba los felices veranos de nuestra adolescencia. Digo bien 'los veranos', porque aquella adolescencia de finales de los sesenta, al menos la mía y la de mi grupo de amigos, sólo tenía razón de ser en los larguísimos veranos de cuatro meses en que abandonábamos los lóbregos y rígidos internados, donde aprendíamos Latín, Lengua, Matemáticas, Francés, Geografía, Física, Filosofía, Historia, Literatura, Biología, Historia Sagrada… –esto siempre lo agradeceré y también el que me inculcasen un poco de disciplina–, además de ver nuestra adolescencia amargada por los innumerables problemas de conciencia que nos generaba la educación católico-franquista de la época, en la que casi todo lo divertido era pecado y el sacrificio, con dolor más, era salvador.

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