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Aunque se había publicado muchos años antes, no leí la novela de George Orwell titulada '1984', hasta el año de su título. Por entonces, yo ... había ganado mi primer premio de cuentos de cierta importancia y Carlos Barral, que estuvo en el jurado, me había pedido más relatos como aquel para su posible edición, aunque mi juventud, mi falta de obra literaria y su posterior e inesperada muerte arruinaron el proyecto. Pero fue una época muy fructífera para mí, como lector e incipiente escritor. Por eso, cuando llegó a mis manos el libro de Orwell, que parecía obligado leer en aquel año de 1984, lo hice con gran interés y muchas expectativas, que no se vieron defraudadas. Aquel relato distópico, escrito antes de que yo naciera, hablaba de la sociedad del futuro, de la sociedad de 1984, lo cual ponía un punto de concordancia o de disonancia, según se mire, pues permitía observar el futuro inventado que, a la vez, era el presente temporal, y analizar las coincidencias. En aquel momento resultaba una novela de ciencia-ficción muy interesante, a la vez que preocupante, porque hablaba del Gran Hermano, que con sus innumerables cámaras controlaba la vida de los ciudadanos, y del Ministerio de la Verdad, que velaba para que nadie se saliera de la norma y escapase al control de aquel Estado dictatorial, que no se veía como tal sino como un Estado protector que proveía por el bien de la ciudadanía, como siempre se hacen ver los dictadores o aspirantes a tal.
Siempre he asociado '1984' a aquella otra, vista en el cine, titulada 'Farenheit 451', quizá porque trataba de otra sociedad distópica en la que la policía gubernamental quemaba todos los libros –451 grados farenheit es la temperatura a la que arde el papel– y controlaba que no leyeran sus ciudadanos. Sí, parecían novelas de ciencia-ficción que nada tenían que ver con la realidad, aunque suponían una feroz crítica a las dictaduras socialistas de entonces, pero que alertaban de algo tenebroso y posible. Claro que si el título de Orwell en vez de '1984' hubiese sido '2024', quizá ya no nos parecería tanta ciencia-ficción, porque estamos comenzando a ver y a sufrir aquellas cosas de las que alertaba. La vigilancia con cámaras es un hecho, ya están por todas partes y, lo que es peor, estamos absolutamente controlados por medio de nuestro teléfono móvil. Si, por ejemplo, un día miras información sobre estufas, te bombardearán durante meses con anuncios no solicitados sobre toda clase de estufas; si te detienes un par de segundos a admirar una foto de una chica en bikini, ¡estás perdido!, no sabrás como escapar del acoso fotográfico de reels sobre lencería, sexo, etcétera. Sí, el Gran Hermano nos vigila y nos controla; y lo del Ministerio de la Verdad también empieza a vislumbrarse, pónganle el nombre que quieran a las funciones del susodicho ministerio, pero no se fíen. ¡Están ahí!
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