Zúñiga Suescun son apellidos rotundos. Como de árbitro de fútbol. Al que me refiero, de nombre José Manuel, no es réferi, es concejal de Medio Ambiente de Logroño, labor que se antoja mucho más trascendente que lo de pitar fueras de juego. En fin, que ... Zúñiga Suescun ha evaluado el experimento de los contenedores marrones y sostiene como mejor argumento que no ha ido mal. Lo cual es como decir que pichí pichá. Pero suficiente, por lo visto, para haber decidido ampliar su implantación en el resto de la ciudad. Servidor es tan partidario del reciclaje de los residuos domésticos –cada caquita en su color– como de la limpieza de los espacios públicos. Y en eso poco hemos avanzado. Si Logroño se ve sucio se dice y ya está. Y si hay vertidos sólidos incontrolados en los caminos de Varea, también se dice. Que no es culpa de los de la limpieza sino de los chanchos que lo engorrinan todo. Y eso no se cura solo con unos contenedores marrones que, por cierto, son de un marrón... muy feo; y que, además, huelen que no sé yo lo que va a pasar este verano, colegiado Zúñiga Suescun.
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