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Los traumatólogos sabemos bien que muchas lesiones del aparato locomotor se producen «de la manera más tonta», pero algunas de la más estúpida, como desahogar ... tu enfado propinando el puñetazo a la pared que te fractura a ti tu quinto metacarpiano. La estupidez no es otra cosa que la ausencia de inteligencia, lo contrario a la sensatez y la cordura, el seny catalán que en paz descanse. Así que llamar estúpido a quien comete estupideces no es un insulto sino un calificativo justo.
A estas alturas del procés me reconozco ya incapaz de analizar los lamentables sucesos acaecidos en Barcelona en claves política, jurídica, ideológica o histórica. Pero no dudo en valorarlo como una apoteosis de estupidez, entendida como atizar puñetazos a tus supuestos enemigos en tu cara o en la de los tuyos y escupir tu odio al aire para que te caiga encima.
La faceta más visible de esa conducta estúpida es la violencia callejera ejercida por hordas que imponen por la fuerza restricciones a derechos tan básicos como la movilidad, la apertura del negocio o la asistencia al trabajo, pero no de los madrileños sino de sus convecinos, y que no queman coches y contenedores, destrozan mobiliario urbano y asaltan comercios no en la odiada capital de la España opresora y ladrona, lo que tendría cierto sentido, sino en la suya.
Pero hay un nivel superior de estupidez, la de los degenerados gobernantes de esa región y su capital. Es difícil imaginar a un presidente más estúpido que Torra, azuzando y justificando la violencia que te está destruyendo algo más que tus aceras o tus escaparates, la convivencia de tu pueblo, y pidiendo moderación no a los terroristas (por favor, llamemos por su nombre a «los violentos») sino a las fuerzas encargadas de su represión legal (qué esperar de quien ha investido como líder del sindicalismo nacionalista a un asesino terrorista). Ni a una alcaldesa tan estúpida como Colau, financiando asistencia y asesoría a «todas las personas heridas o afectadas por las cargas policiales o por estrés, ansiedad o angustia vinculadas a las situaciones de tensión en el marco del ejercicio del derecho a la protesta», o sea a los que se están cargando tu ciudad (qué esperar de quien nombró directora de Comunicación a una «artista pornógrafa» que colgaba fotos meándose en vías públicas como 'miss Bragas'). Ni a un parlamento obcecado en reincidir sabiendo tan bien lo que le espera.
Y en medio mitad, en fin, se sitúa la mayoritaria estupidez pacífica pero cándida de quienes de verdad se creen que una republica catalana independiente reducirá sus dos años de lista de espera para una prótesis de rodilla, el precio de la compra o alquiler de vivienda o la tasa de desempleo y elevará sus niveles de renta, bienestar, prosperidad y felicidad por dotarse de su propio Estadito. Se lo ha dicho el Tribunal Supremo: ¡Es la ensoñación, estúpidos! Pero ellos, a lo suyo. A romperse la crisma contra el muro de la realidad.
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