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El Gobierno no está dispuesto a reconocer que la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, no estuvo acertada el pasado sábado con unas declaraciones sobre la ... sentencia del 'caso Alves' que han provocado la respuesta unánime de todas las asociaciones de jueces y fiscales españoles y el reproche del Consejo General del Poder Judicial por denostar uno de los principios básicos del derecho y socavar la confianza en el sistema . Al revés, alega que la crítica de la vicepresidenta primera a que se diga que «el derecho a la presunción de inocencia está por delante del testimonio de mujeres jóvenes, valientes, que deciden denunciar a los poderosos» se sacó de contexto.
La portavoz del Ejecutivo, Pilar Alegría, no entró siquiera en esas disquisiciones, a las que apuntan fuentes de la Moncloa, y en la comparecencia posterior al Consejo de Ministros se limitó a justificar las palabras de Montero con el argumento de que lo que hizo fue expresar «el mismo desconcierto que una gran parte de la sociedad sintió al conocer una sentencia tan radicalmente distinta a la de la Audiencia Provincial de Barcelona en menos de un año». «Es lógico y evidente el respeto de este Gobierno a las sentencias judiciales pero tampoco es antagónico a ese respeto a opinar sobre las mismas«, añadió.
El ministro del Interior y juez de carrera, Fernando Grande-Marlaska, tampoco se mostró en este caso particularmente empático con las advertencias realizadas desde el mundo de la judicatura. Marlaska sí evitó hacer mención expresa a la voluntad de Montero . «Ella ya ha matizado sus declaraciones -dijo, pese a que no ha habido ni rectificación ni petición de disculpas- y por lo tanto no debemos prolongar discusiones en este sentido».
A continuación, sin embargo, argumentó que cuando lo que está en juego son delitos contra las mujeres como la agresión sexual o la violencia de género, los tribunales, y no solo las autoridades que forman parte del poder ejecutivo o el ejecutivo, tienen que ser especialmente cuidadosos. «Deben explicarse muy bien, sobre todo -dijo-, para que las potenciales víctimas no pierdan la confianza en las instituciones».
En Moncloa insisten en que lo que quiso decir la número dos del Ejecutivo «se entendió perfectamente» y que «entrar en el juego de las interpretaciones es barrer para casa de la ultraderecha» porque está perfectamente claro qué quiso decir y qué el sentimiento de «frustración» que quiso expresar.
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