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Los primeros temporeros ocupan, a las seis de la tarde, las 150 camas dispuestas en el polideportivo de la calle Serradero. JUSTO RODRÍGUEZ
Un techo tras un día de vendimia

Un techo tras un día de vendimia

Los temporeros –la mayoría subsaharianos– agradecen la hospitalidad en el frontón Titín III, donde los voluntarios destacan su buena actitud

África Azcona

Logroño

Miércoles, 2 de octubre 2024, 22:31

Ni el diluvio de este miércoles a media tarde hizo mella en el ánimo de los vendimiadores que hacían fila a las 18.30 horas para entrar en el dispositivo de acogida de temporeros, abierto desde el 12 de septiembre. En el polideportivo Titín III, los voluntarios aprecian como algo muy estimulante la alegría y la actitud de agradecimiento con la que llegan cada día después de una larga jornada en el campo y la amabilidad y los gestos de compañerismo. A pesar de los distintos orígenes todos buscan en las instalaciones de Serradero descansar, algo que ponen en práctica de distintas formas, algunos hasta la hora de dormir, tumbados, otros rezando y la mayoría con el móvil conectados a las televisiones de sus países o revisando las redes. Este año 'navegan' sin límite gracias al wifi que ha instalado el Ayuntamiento. «Va como un tiro...», soltó satisfecha la concejala de Servicios Sociales, Patricia Sainz, momentos antes de que llegara el alcalde, Conrado Escobar.

El lugar, como explicó la edil, funciona de tal modo que la hospitalidad es la norma. «Cuando llegan, algunos que directamente se acuestan, pero la mayoría opta por jugar al fútbol; les damos un balón, mientras otros se mueven por los alrededores y van a ver jugar a los chavales en Pradoviejo. El ambiente que se crea es fantástico». Cuando recalan, primero se identifican, dejan la ropa y los materiales en consigna y se disponen en fila para coger un número para la cama. No se admiten reservas, se otorgan por orden de llegada. Luego llega la hora de la ducha y la cena, con menús adaptados. Ayer tocaba para cenar macarrones boloñesa y una hamburguesa con pimientos. Al día siguiente deben levantarse a las 07.00 horas, muchos se encaminan a la aventura, sin la certeza de que cuenten con ellos. «Se van con una bolsa de pic-nic por si no les dan comida donde van», relata Patricia Sainz sobre los temporeros que han llegado a Logroño, la mayoría marroquíes y subsaharianos, «son súper amables y agradecidos». Españoles no se ven, acaso dos o tres, y las mujeres empiezan a sumarse: esta vez una marroquí y dos portuguesas. Los africanos, de numerosas nacionalidades, son mayoría. Madieye, de Senegal, se sentía agradecido: «Nos tratan muy bien, y la comida muy buena, para dormir nos dan mantas, sábanas lavadas...». Llegó en patera a Canarias hace un año. Él tuvo suerte, otros no llegaron: le cambia el rostro cuando lo menciona, pero tiene claro «que ha merecido la pena». Madieye es un joven, de complexión atlética, como casi todos los que pernoctan estos días en el polideportivo municipal. «Todos tienen muy buena salud, son muy jóvenes. Sólo vemos cuadros de catarros y lumbalgias, y, eso sí, dentaduras estropeadas», relataba ayer el doctor Diego Lorente, voluntario en el operativo.

El alcalde comprobó el funcionamiento del operativo, en una tarde de fuertes lluvias: «Que un día como hoy haya funcionado el dispositivo es señal de que está bien montado, estimó. Estos días, con pico de afluencia, las 150 camas no cubren toda la demanda y han tenido que tirar del albergue y Alasca. Son muchos lo que buscan un trabajo para vivir. «Yo he pasado por lo mismo y por eso colaboro con ellos». Moussa Bathia es uno de los voluntarios, ahora le va muy bien en Logroño, pero sufre por aquellos que arrastran en su rostro la huella de la tragedia. «Llegar en patera te marca...».

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