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La plaza de toros de La Ribera vive sus días más activos durante la fiesta de San Mateo. Las mañanas de vaquillas, el apartado ... y la corrida de toros de cada tarde hacen que un equipo heterogéneo trabaje para que todo en el coso esté a punto. Desde el personal de taquillas, pasando por los carpinteros, areneros, porteros, acomodadores, personal de chiqueros y del desolladero, almohadilleros o el servicio de bar hacen que la plaza sea uno de los principales escenarios de la fiesta con el ganado bravo como eje fundamental.
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Entre todo ese personal hay quienes heredan el oficio por tradición familiar, como Luis Terreros que recibió el testigo de su padre como chulo de banderillas. Luis lleva desde 1998 custodiando los rehiletes y entregándolos a los miembros de las cuadrillas cada tarde «ya llevo mucho tiempo y es bonito ver cómo de año a año los subalternos se acuerdan de ti e incluso admiten que les cuentes cómo has visto el toro», asegura.
También hay quienes entraron a trabajar en el coso cuando cumplieron la mayoría de edad y desde entonces su vida en San Mateo está ligada a la actividad de la plaza. Ese es el caso de Enrique Illera que lleva casi tres décadas en ocupando distintos puestos «empecé como acomodador, luego fui portero y ahora llevo diez años como inspector de puerta». Su labor se basa en controlar los accesos del público así como en dar solución a distintos contratiempos que puedan suceder «si alguien olvida su entrada trabajamos junto a los compañeros de taquillas para que puedan acceder a su localidad y también prestamos ayuda a las personas con movilidad reducida o la gente más mayor», comenta Illera cuyos recuerdos taurinos se remontan a su infancia cuando iba a los toros con su padre.
Otro trabajador de la plaza es Carlos Francés, el portero del patio de caballos. Es el encargado de correr el cerrojo cada tarde para que dé comienzo el espectáculo y salgan los diestros al ruedo a iniciar el paseíllo. Francés, que además es novillero, ayuda también a sus compañeros del callejón para evitar que alguien se cuele y ocupe un burladero que no le corresponde « es más que habitual que venga por aquí gente haciéndose la despistada a ver si no nos damos cuenta y pueden ver la corrida desde aquí», comenta el joven que segura que a pesar de estar trabajando le da tiempo a disfrutar y emocionarse con la faenas que firman las figuras que pisan el ruedo logroñés.
Los dos torileros de La Ribera esperan la orden de la presidencia y la señal del diestro para abrir el portón y que salga el toro en un cruce de miradas que forma parte de la liturgia taurina. El equipo médico hace tándem con los voluntarios de Cruz Roja, siempre atentos a lo que me sucede en el ruedo y en los tendidos. El vendedor de almendras que recorre el graderío, los capitalistas, que sin ser un oficio se decidan a sacar en hombros a los toreros y que, dependiendo de la plaza y del diestro, llegan a recibir propinas de hasta 150€. La tauromaquia tiene mucha vida más allá de lo que acontece en el ruedo y da lugar a negocios como los puestos de complementos taurinos con pulseras, billeteras o almohadillas que se encuentran cada tarde de toros en la entrada principal de La Ribera, una plaza de la que dependen hasta 120 puestos de trabajo de forma directa cada día de feria.
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