Asistentes a la visita en la plaza de San Bartolomé.

Al arquitecto desconocido

Amigos de La Rioja homenajeó este domingo con un paseo guiado a Maximiano Hijón Ibarra

Pilar Hidalgo

Lunes, 27 de febrero 2017, 19:55

No alcanzó la fama de otros arquitectos logroñeses como Luis Barrón o Fermín Álamo y, sin embargo, el Casco Antiguo de la capital riojana está salpicado del legado de Maximiano Hijón Ibarra. Amigos de La Rioja ofreció este domingo un paseo-homenaje en honor del que fuera el primer arquitecto municipal y provincial de Logroño, con motivo del 192 aniversario de su nacimiento.

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Varias decenas de personas participaron en este recorrido guiado por Federico Soldevilla. Soldevilla desgranó la biografía y obra de este hombre afable e ilustrado que, si bien desarrolló la mayor parte de su actividad profesional en su ciudad, resulta bastante desconocido para la mayoría de logroñeses.

Hijón se licenció en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. De regreso a Logroño, ejerció como miembro de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos, dado que era un apasionado defensor del patrimonio. Gracias a su decidida labor propició que se aglutinaran en edificios como en el de La Bene o en el primer instituto Sagasta monumentos que estaban desperdigados por diversos espacios y, en suma, posibilitó que estos hayan llegado hasta nuestros días y puedan contemplarse en museos.

De su trabajo como arquitecto quedan algunos inmuebles en pie como el que acoge actualmente al Colegio Oficial de Ingenieros Industriales, que asoma a la plaza de San Bartolomé, o el de Bretón de los Herreros, 12. Su obra se caracteriza por un gusto clasicista, por lucir columnas y por una sobria decoración con dibujos geométricos.

También se le debe que en 1856 abrió la muralla que resguardaba a Logroño en el punto de la calle San Juan para ventilar y dotar de mayor salubridad a la ciudad.

A principios de la década de los 60 del siglo XIX, Hijón se trasladó a Pamplona para trabajar como arquitecto provincial. De su etapa en la comunidad foral, donde permaneció hasta 1867, sobresale que levantara un imponente edificio para el Crédito Navarro en plena plaza del Castillo (centro neurálgico de la capital navarra), en cuya parte baja abre sus puertas el emblemático Café Iruña. Precisamente, el logroñés se ocupó de la decoración de esta cafetería.

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Regresó a Logroño, donde falleció en 1891. Amigos de La Rioja colocó ayer carteles (con idea de que pronto se conviertan en una placa) en la que fuera su casa de Herrerías, 5.

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