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Los negocios turísticos de La Rioja habían depositado todas las esperanzas en que el verano de 2022, sí o sí, remontarían el frenazo sufrido ... por las restricciones de movilidad impuestas para contener el COVID. Con los datos de ocupación netos, su objetivo se ha visto cumplido, ya que se han recuperado los niveles prepandémicos, pero los resultados dicen otra cosa.
A pesar de que la actividad remonta e, incluso, supera los registros de 2019, último año de normalidad, esta mejoría no ha estado acompañada de rentabilidad porque las empresas, ya sean hoteles o casas rurales, consideran «imposible» repercutir sobre sus clientes la escalada inflacionista que empezó con los precios de la energía y se ha trasladado al resto de los servicios que ofrecen a a sus huéspedes. Tal es la situación que algunos establecimientos sopesan cerrar sus puertas a lo largo del invierno «hasta Semana Santa», exceptuando puentes o fechas muy especiales como las navidades.
Según los datos oficiales de ocupación, el sector turístico anotó un grado medio de ocupación del 44,5% en los tres meses del verano. Julio fue excepcional, ya que la ratio llegó hasta el 90%.
Pero esta progresión de visitantes no supuso para las empresas del sector una evolución paralela de los resultados. En concreto, el indicador RevPAR, que mide el ingreso medio por habitación, solo creció en tasa interanual durante el verano el 2,9%, por debajo de lo que lo hizo en 2019, cuando rozó el 5% (en concreto, llegó al 4,6%). Además, el crecimiento de este parámetro se queda muy lejos de la subida promedio de la inflación en La Rioja durante los meses estivales, que fue del 10,9%.
Otro índice que también corrobora los ajustes asumidos por el sector riojano para evitar repercutir la inflación sobre sus clientes es el ADR, que mide cuánto pagan los huéspedes de promedio por habitación. Durante el verano, el precio medio de venta en los hoteles y las casas rurales se situó en 73,7 euros, solo siete euros más que en 2019 (66,6 euros).
Los negocios turísticos riojanos siguen descartando replicar sobre sus clientes el aumento de precios, pero admiten que tienen que «recortar gastos» no solo energéticos sino también laborales porque «el invierno se come los beneficios del verano». Y para ello barajan la opción, como han empezado a hacer algunos establecimientos de Castilla y León, de cerrar su puertas durante el invierno, excepto en momentos de campaña de mayor actividad, tales como el próximo 'macropuente' de la Constitución y de la Inmaculada, y las navidades, que funcionan muy bien sobre todo para las casas rurales por los grupos familiares.
Ocupación. El sector registró en verano un promedio del 44,46%, que superó en cuatro puntos el de 2019
Ingreso medio. Solo creció entre julio y septiembre el 2,89%, casi la mitad del año previo al COVID
Precio medio. La temporada estival ascendió a 73,7 euros, algo más de siete euros que en 2019
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