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El Hospital San Pedro de Logroño es un entorno repleto de contrastes. Tantos como pacientes circulan por los pasillos de las áreas de hospitalización ... y de consultas. De momento, al menos hasta ayer, esa circulación era absolutamente libre en ambos espacios. Pero la crisis del coronavirus muta la realidad con tanta celeridad como se aplican los controles y se realizan pruebas diagnósticas. Es entonces cuando los contrastes pierden intensidad, se reconvierten en matices y la realidad se reconfigura. Ayer fue uno de esos dias de cambios.
A última hora de la mañana de ayer el centro hospitalario era algo así como un espacio libre de coronavirus inmerso en la rutina previa a que el más lego en geografía supiera dónde estaba Wuham. A última hora de la tarde todo cambió con el ingreso de un paciente diagnosticado con insuficiencia respiratoria que, en principio está catalogado como posible portador del COVID-19, según ha podido saber Diario LA RIOJA.
Hasta entonces todo era normalidad. Solo rota cuando alguien miraba de reojo a quien tosía más de la cuenta en el ala de consultas. Pero pocas señales más se percibían en las instalaciones sanitarias de crisis del coronavirus.
Es algo que se notaba (o que no se notababa, según se vea) en un ligero recorrido por los pasillos hospitalarios: no existe ningún tipo de restricción adicional a las habituales (es decir, prácticamente ninguna); los pacientes, las enfermeras y los galenos circulan de unas dependencias a otras con total libertad en sus rutinas habituales; los visitantes que buscan las habitaciones de sus allegados hospitalizados se arraciman en la zona de unos ascensores que también continúan siendo inmunes a las urgencias de un personal que se reparten, cuando por fin el transporte llega, por las diferentes plantas.
En la zona de hospitalización es, quizá, donde más se percibe esa normalidad, frente a las medidas adoptadas por otros centros hospitalarios. En San Sebastián, por ejemplo, un cartel preside el acceso a los pasillos del Hospital Donostia: «Un solo o una sola acompañante por paciente. Los y las pacientes no pueden abandonar la habitación ni pasear por el pasillo, salvo expresa indicación de los y las profesionales. Los pasillos deben permanecer sin gente». En el San Pedro no. En el San Pedro se puede seguir circulando con total libertad y así lo hacía un buen puñado de enfermos en la mañana de ayer. No se sabe hasta cuando.
Diferente es la realidad del ala de consultas del San Pedro. No es que haya restricciones, pero sí que hay más rastros del coronavirus. Ligeros y bastante discretos, eso sí. El primero, antes incluso de acceder al vestíbulo. En la segunda de las puertas correderas, pegada con media docena de celos para que resista los embates de las corrientes de aire, un folio imprimido a color y con el emblema del Gobierno de La Rioja a pie de página presenta una pregunta que ha perdido los signos de interrogación: 'Qué debes saber del nuevo coronavirus'.
En letra más menuda ofrece información sobre cuáles son los principales síntomas, qué es lo que hay que hacer en caso de regresar a España procedente de una zona de riesgo durante los 14 días posteriores y cuáles son las cuatro medidas básicas de protección. Superado ese cartel, en los pasillos, destacaban los que recomiendan un lavado de manos intenso y frecuente.
Pero eso fue antes del ingreso del paciente catalogado como posible portador del COVID-19.
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