
El día en que se produjo el incidente de la pasta con larvas en los colegios públicos de La Rioja, el menú servido por ... Serunión en los comedores escolares se componía de macarrones integrales con verduras en salsa de tomate, abadejo al horno con ajo y perejil, ensalada de lechuga y fruta fresca, con la recomendación para cenar de crema de verdura, ave con verdura y lácteos. Visto así, parece hasta atractivo, pero no lo fue.
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Esa semana se sirvieron guisantes y tortilla de patata el lunes; brócoli y jamoncitos de pollo el martes; alubias y merluza el miércoles y crema de calabacín y lentejas con arroz el jueves, siempre con fruta o yogur. No parece que, en principio, los menús presenten problemas. «A nivel nutricional, la verdad, estamos aprobando. De unos años a esta parte, los menús son más equilibrados y bastante más saludables en ese aspecto», opina Paula Fernández, diplomada en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad de Navarra, especializada en nutrición infantil, quien ejerce en Nutrium (Logroño).
Primera semana
Jueves 6: Macarrones con tomate, gallo en salsa de puerros, ensalada de lechuga y yogur natural. Pan integral.
Viernes 7: Lentejas con patatas, jamoncitos de pollo al horno con hierbas provenzales, ensalada de lechuga y zanahoria, y fruta fresca.
Segunda semana
Lunes 11: Arroz con verduras, caballa al papillote, ensalada de lechuga y fruta fresca.
Martes 12: Dúo de alubias con sofrito vegetal de comino, tortilla francesa, ensalada de tomate, aceitunas y zanahoria, y yogur natural. Pan integral.
Miércoles 13: Borraja con patatas salteadas, filete de ternera con pimientos y fruta fresca.
Jueves 14: Lentejas con zanahoria, perca a la marinera y fruta fresca. Pan integral.
Viernes 15: Crema de puerros, pavo al chilindrón, ensalada de lechuga y maíz, y fruta fresca.
Una de las pegas que pone Paula Fernández es que los menús «se limitan a muy pocas verduras, las judías verdes, el puré de calabacín y muy poquito más, y hay que aportar más variedad». Otro inconveniente, al margen del valor nutricional, puede ser la presentación. La comida siempre entra primero por los ojos y a veces el aspecto no es el más sabroso. «Cuando nos imaginamos una menestra de verdura, que puede resultar muy apetitosa, luego no tiene nada que ver con lo que nos encontramos en una foto que veamos del comedor. Y es que a veces se cuece demasiado la verdura. En general, se cuece demasiado toda la comida y, en concreto, sobre todo la verdura, y eso hace que deje de ser atractiva», considera Paula Fernández.
También se puede producir un efecto de grupo entre los escolares a la hora de abordar la comida. «Que algo no esté tan bueno como lo que se sirve en casa no quiere decir que la calidad de la comida no sea buena. Si a nadie le gusta la comida del comedor, puede producirse un efecto en el que se diga 'Pues a mí, tampoco'», expone la nutricionista. No obstante, lo sucedido con la pasta con larvas, considera Fernández, «es un problema de manipulación, conservación o higiene por el que hay que depurar responsabilidades».
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Además, Fernández también apunta a que se sirve demasiada cantidad a los niños pequeños, sobrealimentándolos, con calorías excesivas, lo que puede contribuir a la obesidad infantil.
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