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El incremento de bajas laborales por enfermedades comunes es una tónica sostenida en los últimos años y en 2024 volvió a establecer un nuevo ... registro máximo en nuestra región con 52.627 procesos iniciados para una duración media de casi 40 días, lo que se traduce en que 5.700 riojanos no acudieron cada día a su puesto de trabajo por estos motivos de salud. Tanto el número de incapacidades temporales como su prevalencia se han duplicado en la última década, siendo especialmente sensible la subida desde la pandemia, cuestión que distintas voces achacan a factores como el envejecimiento de la población activa, la mayor toma de conciencia de los derechos laborales, la infravaloración de las enfermedades profesionales o a los retrasos diagnósticos de nuestra sanidad.
La tendencia es evidente en números absolutos y en relativos, y no escapa a la tónica nacional. El pasado año España registró el máximo de incapacidades temporales y su récord de prevalencia (casos por cada cien mil trabajadores protegidos), que alcanzó un 53,4 en asalariados, dato que, por otra parte, supera en una decena al riojano. El ascenso se modera ligeramente con respecto al de ejercicios anteriores pero vuelve a establecer su pico, con 52.627 procesos iniciados en La Rioja en 2024 –49.286 en trabajadores del régimen general y 3.341 en autónomos– según la estadística del Ministerio de Seguridad Social. El dato contrasta con la situación de hace diez años, cuando se registraron 25.344 bajas y es incluso superior a las cifras alcanzadas en el periodo precrisis de 2008.
El dinamismo reciente alcanzado por el mercado laboral –en 2024 hubo de media 147.401 personas protegidas, diez mil más que antes de la pandemia– no sirve por sí mismo para explicar tal incremento de procesos de incapacidad temporal. Esto se comprueba al atender la prevalencia, que se establece en 42,36 en los trabajadores del régimen general el pasado año, mientras que en 2015 fue de 22,97, menos de la mitad. No sucede en la misma medida entre los autónomos, pero también es destacado el incremento, pasando de 25,7 a 35,6 en la última década.
Poca novedad encuentra el registro laboral en cuanto a la duración media de las incapacidades temporales, que es de 36,65 días en el caso de los asalariados, similar a la previa a la pandemia, y de 83,6 jornadas entre los autónomos, periodo muy superior a los empleados del régimen general y que se ha prolongado en mayor medida recientemente. Con todo ello, la cifra de riojanos que cada día no acuden a su empleo por una baja médica por contingencias comunes es de 5.714, lo que representa un 3,9% del total de trabajadores. Por establecer una comparativa, estas cifras el año anterior a la pandemia eran de 4.001 y un 2,96%, y en 2008, de 3.942 y 2,88%, en un momento en el que el número de riojanos protegidos por el sistema era equiparable al actual.
La cuestión, un año más, es tratar de comprender los motivos de este claro incremento de bajas médicas. Los sindicatos aluden de forma destacada a que muchas enfermedades «de origen profesional» terminan engordando esta estadística como contingencia común. «Existe un gran déficit a la hora de establecer un nexo entre causalidad de una enfermedad con la exposición laboral. Los médicos de Atención Primaria deben detectar esta causa y quizá no tienen la capacidad suficiente para hacerlo. Además, en muchos casos la comunicación y valoración depende de las mutuas y ya sabemos que para ellas cuantos menos casos se registren, mejor», explica Eva Fernández Antón, de CC OO La Rioja. Alude, por ejemplo, a un informe europeo que analizaba los casos de partes por agentes cancerígenos, en el que Francia multiplicaba por cien a España en el número de procesos comunicados.
En la misma línea, José Antonio Jorge, de UGT La Rioja, alude a «la relajación de las medidas preventivas en las empresas, por costumbre o por falta de seguimiento, y la normalización de la siniestralidad». Recalca también el «impacto cada vez mayor de los riesgos psicosociales y los planes implementados no tienen un seguimiento posterior» o a que «las inversiones que se están produciendo no son para evitar la penosidad sino para reducir tiempo y mejorar la productividad».
Otro de los motivos recurrentemente citados es la mayor sensibilidad de los trabajadores sobre sus derechos y su salud. «El principal motivo por el que alguien que lo necesita no se coge la baja es por el dinero que le van a quitar de la nómina. Después del covid quizá nos haya entrado una mayor conciencia, la gente está quitando el miedo y el estigma; si estoy malo me quedo en casa», aporta Fernández Antón.
En la justificación de este ascenso en la que coinciden sindicatos y patronal es en el envejecimiento, y es que más de la mitad de la población activa riojana supera los 45 años. «Esto implica un aumento de enfermedades profesionales relacionadas con la vida laboral, que, por otro lado, no se reconocen como tal sino como contingencias comunes», denuncia José Antonio Jorge.
Por su parte, desde la Federación de Empresas de La Rioja (FER), Pedro José Sáez –responsable de asesorías– apunta también a la necesidad de «mejorar la eficiencia en la gestión sanitaria, debido a que a menudo la mayor demanda de los servicios crea problemas como listas de espera o más tardanza en los diagnósticos, así como tratamientos y rehabilitaciones que de dilatan en el tiempo». Califican desde la FER «el aumento del absentismo laboral» como «una lacra que ha ido en ascenso estos años y que provoca graves perjuicios en las pequeñas empresas y negocios, con una fuerte pérdida de horas de trabajo».
El destacado ascenso de los procesos de contingencias comunes no encuentra un reflejo en las enfermedades profesionales, que también experimentan un leve aumento de incidencia en los últimos tiempos, aunque más contenido. El pasado año se registraron 5.609 bajas por causa laboral directa en la región, un 3% más que en el ejercicio previo, pero un número muy similar al de 2019 (5.590), por lo que no se replican en este caso los mismos incrementos que las enfermedades comunes.
Pese a todo, en este tipo incapacidad temporal sí que se ha producido una extensión de la duración de las bajas, que se han incrementado, de media, catorce jornadas en una década, alcanzado en 2024 los 48,2 días. Esto provoca que pese que el número de casos se haya mantenido en cierta medida estable, la prevalencia (muy inferior a las de las enfermedades comunes) sí que ha aumentado en casi dos puntos, de la misma manera que lo han hecho los trabajadores riojanos que faltan cada día a su empleo por este motivo: de 578 en 2019 a 741 el pasado año.
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