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MANUEL RUIZ HERNÁNDEZ EL ANÁLISIS
Martes, 13 de septiembre 2016, 23:56
La cosecha de Rioja 1964 constituye el mejor vino del siglo XX, sin embargo fue una cosecha conflictiva, pues sobre un nivel de uva estable, en torno a 63 millones de litros, ésta fue de 92 millones. Por exceso de oferta los precios de la uva se hundieron. Este desastre tuvo su milagro poco después, en 1968, cuando la incipiente CEE dio un anticipo a España en lo que se conoce como Tratado Preferencial que supuso pasar de vender a Europa 7 millones de litros de vino hasta 22 millones (de Rioja).
Las bodegas en Rioja, antes de este tratado, eran apenas 20 exportadoras que venían con alto valor añadido. La llegada de la nueva situación alentó a mucho capital, sobre todo del Sur, a implantarse en Rioja, pasando en dos años a ser 40 bodegas, multiplicando por cinco el parque de barricas.
Los clásicos pusieron a los nuevos, como condición, una estructura de comercio basada en crianza, reserva y gran reserva y los nuevos lo cumplieron. Pero a los pocos años, estudiamos los precios de los vinos y los llegados vendían a la mitad de precio. Hubo, por lo tanto, una pérdida de valor añadido, pero se amplió mucho el mercado y la viticultura se capitalizó ampliamente.
Entonces nos planteamos cómo actuar didácticamente para facilitar la marcha a la prosperidad y pensamos que las cooperativas hacían vinos correctos, pero generales y había que transformarlos en vinos para la barrica. Y así actuamos, enseñando a las cooperativas a hacer vinos para barricas. Con ello logramos cambiar la ley de oferta y demanda de volúmenes a la de calidades. Parece que resultó todo bien y la cultura técnica satisfizo a viticultores y bodegas.
Hoy, 2016, esperamos afluencia de capital como en 1968. Y cabe la posibilidad de que se implante como bajada de valor añadido otra vez. Por ello, estimamos necesario complementar tal tendencia con otra de subir el valor añadido donde lógicamente capital y emprendedores de Rioja deben tener protagonismo.
Como habrá percibido el lector, ésta es la intención de esta columna, el valor añadido.
El estudio de precios de botellas lo hicimos en 1976. Hoy la idea de vender barato para ampliar mercado conduciría a descapitalizar la viticultura. Es lícito lucrarse utilizando el nombre de Rioja, pero al precio de aumentar su prestigio.
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