A Kamala Harris le han inyectado desde niña la ilusión por abrirse un hueco en la historia. Su madre, Shyamala, una científica experta en la lucha contra el cáncer de mama, se lo repetía a menudo: «Tú puedes ser la primera en hacer muchas cosas». ... La duda es si su formación confía en ella tanto como su familia y convierte a la que parece la sustituta perfecta de Joe Biden en su nueva apuesta para plantar cara a Donald Trump en las urnas. Un relevo natural pero no automático. El presidente de EE UU agradeció este domingo su trabajo como una «socia extraordinaria» y le dio su bendición: «Quiero ofrecer todo mi apoyo y respaldo para que Kamala sea la candidata de nuestro partido este año. Demócratas: es hora de unirse y vencer a Trump. Hagámoslo».
Publicidad
Noticias relacionadas
Los demócratas se enfrentan al reto de elegir a un aspirante a la Casa Blanca en tiempo exprés y nadie en la formación quiere llegar a la convención nacional que se celebrará a mitad de agosto en Chicago con una guerra abierta en sus filas por ver quién sucede a Biden. Como Nancy Pelosi, aliada histórica del presidente, muchos en el partido abogan por una cita aparentemente abierta para generar ilusión en las bases y evitar la sensación de que se trata de un nombramiento a dedo, pero desean plantarse en ese momento con el mayor -si no absoluto- consenso posible sobre el futuro candidato. Harris es ahora mismo la mejor posicionada aunque sobre la mesa hay otros nombres como el de Gavin Newsom, gobernador de California, quien hace unos días aseguraba que jamás se postularía con la vicepresidenta enfrente.
Ella ha sido la primera mujer, la primera persona de raza negra y la primera con orígenes en el sur de Asia en ejercer como mano derecha de un presidente en Estados Unidos, donde ni el color ni el género son hoy debates superados, lo que la convertiría en una apuesta histórica en caso de ser la elegida por los demócratas. A su favor cuenta que todos los delegados del partido la conocen y, en caso de no llegar a la convención nacional con un único nombre, ellos tienen total libertad a la hora de votar por uno u otro candidato, una situación que no se da desde 1968. El resto de aspirantes, si es que los hubiera y salvo sorpresa, resultaría prácticamente desconocids para la mayoría de miembros de la formación, que dispondrá de menos de tres meses por delante para promocionar a su nominado desde que se elija al relevo de Biden hasta la fecha de los comicios (5 de noviembre).
Y si los demócratas no tienen tiempo que perder, tampoco dinero. La campaña para la reelección del presidente había recabado 210 millones de dólares hasta que las dudas sobre su estado de salud, y sobre todo su desafortunada intervención en el debate televisado con Trump a finales de junio, frenaron a los donantes. Una cantidad que con la retirada de Biden pasa a la hucha del Comité Nacional Demócrata y Harris, a diferencia de otros aspirantes, podría utilizar en caso de ser nominada para la carrera electoral ya que su nombre figura en los documentos para la creación de ese órgano. Hay más cifras que pesan a favor de ella, como las que arrojan las encuestas más recientes. Un sondeo elaborado por Reuters/Ipsos entre el 15 y el 16 de julio, justo después del atentado contra el magnate, reveló que en un hipotético cara a cara entre la vicepresidenta y el republicano se produciría un empate entre ambos, con un 44% de apoyo para cada uno.
La aparente favorita de los demócratas tiene experiencia en estar en el centro de la diana de Trump, quien el pasado sábado en un mitin la volvió a atacar, consciente de que si Biden se marchaba ella sería la mejor posicionada para convertirse en el centro de sus insultos. «La llamo Kamala la que ríe, ¿La has visto reír alguna vez? Está loca», soltó con su pareja electoral, J.D. Vance, a unos metros. Harris contrastaría con la fórmula republicana, dos hombres blancos, y podría heredar el apoyo de la comunidad afroamericana con el que ya contaba su jefe. También el voto de los jóvenes -tiene 59 años, un par de décadas menos que el magnate- y de las mujeres. La defensa de los derechos reproductivos ha destacado esta legislatura como una de las banderas de la vicepresidenta, a quien en algunos círculos de su partido se le achaca una escasa actividad pública pese a la relevancia de su cargo. En la formación sólo tienen clara una cosa: «No hay una opción segura».
Publicidad
Tras el sonado enfado de Joe Biden con Barack Obama al haber sugerido que debía repensar su candidatura, el expresidente de Estados Unidos elogió este domingo la decisión de su antiguo 'número dos' de no aspirar a la reeleción. Eso sí, advirtió que la renuncia a concurrir a los comicios de noviembre coloca a los demócratas en un «terreno desconocido». «Joe Biden ha sido uno de los presidentes más importantes de EE UU, además de un querido amigo y socio para mí. Hoy -por el domingo- también nos ha recordado, una vez más, que es un patriota del más alto nivel», ensalzó Obama en un comunicado en el que dejó claro que el actual inquilino de la Casa Blanca, de 81 años, tenía «todo el derecho» a presentarse a la reelección. Pese a la incertidumbre que ahora impera, lanzó un mensaje de optimismo: «Tengo una confianza extraordinaria en que los líderes de nuestro partido serán capaces de crear un proceso del que surja un candidato sobresaliente».
¡Oferta 136 Aniversario!
¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión
Te puede interesar
Publicidad
Utilizamos “cookies” propias y de terceros para elaborar información estadística y mostrarle publicidad, contenidos y servicios personalizados a través del análisis de su navegación.
Si continúa navegando acepta su uso. ¿Permites el uso de tus datos privados de navegación en este sitio web?. Más información y cambio de configuración.