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La vida de Adiaratou Iglesias (6 de febrero de 1999) no ha sido un camino de rosas, sino más bien una exigente y tortuosa carrera ... de obstáculos. Nació siendo diferente a los que le rodeaban en su Mali natal al sufrir de un albinismo que estaba perseguido en muchas regiones de África. Emigró a España, a Logroño en concreto, donde residió cerca de tres años hasta asentarse en Galicia. Allí empezó a entrenar sin llegar a imaginarse que tiempo después alcanzaría la gloria más absoluta al colgarse el oro en los Juegos Olímpicos de Tokio. La atleta, que sufre una discapacidad visual por su trastorno genético, vuelve hoy a la capital riojana para impartir una charla en el IES Sagasta con la que cierra el círculo.
La infancia de Adiaratou, conocida en su entorno más cercano como Adi, estuvo marcada por la discriminación de sus vecinos ante la persecución que se vivía en África contra los albinos. Corría peligro en Mali por lo que sus padres decidieron enviarla a Logroño, donde residía su hermanastro. «Tampoco tuve mucha suerte aquí porque la convivencia con él no salió bien y, como no tenía a nadie más en España, me tuvieron que llevar a un centro de menores de la ciudad», rememora la atleta.
Pasó unos años en el centro de menores de Logroño hasta que una mujer gallega, su actual madre de acogida, se cruzó en su camino para dar luz a su sombría infancia con el atletismo como reclamo. Nunca antes había entrenado en pista pero siempre le había gustado correr. «Yo ni sabía lo que era el atletismo, mucho menos entre personas con discapacidad, pero ella y mi tutora del centro, Erika, siempre me animaron a ello», explica Adi. Y es que la joven atleta tiene una discapacidad visual debido a su trastorno genético que le permite ver un 10%, que puede aumentarse hasta un 20% de visión gracias al uso de sus gafas.
Se mudó a Lugo, a una casa próxima a unas pistas de atletismo donde comenzó a correr como si fuera un pasatiempo más. «Yo solo sabía que quería correr, nada más; empecé en el mundo de deporte sin saber lo que podía llegar a conseguir», asegura. Y ella lo logró todo al convertirse en una de las mejores velocistas con discapacidad que tiene el país.
Ganó dos medallas de plata en el Campeonato Mundial de Atletismo Adaptado de 2019. Además, ostenta el récord de España en los 100 m en la categoría T12, al alcanzar un tiempo de 12,42 segundos durante el Grand Prix de Atletismo en Grosseto, y volvió a rebajar ese tiempo en el mundial de Dubái, en el que quedó subcampeona con un tiempo de11,99.
Pero, sin duda, el hito más grande de su carrera llegó en los Juegos Paralímpicos de Tokio donde se colgó el oro en la prueba de 100 m clase T13 y la plata en los 400 m T13. «La sensación de colgarse una medalla olímpica en indescriptible; es el mejor premio que existe a todos esos años de sacrificio y esfuerzo como deportista de alto rendimiento», concluye emocionada Adi.
Estos y otros muchos temas se podrán hoy sobre la mesa del IES Sagasta, donde Adi liderará un coloquio sobre su dura infancia y su exigente carrera siendo ejemplo de superación desde la cuna.
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