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El pasado martes, el Aceite de La Rioja –con mayúsculas– cumplió dos décadas porque el 8 de octubre de 2004 se creaba oficialmente la Denominación ... de Origen Protegida llegando así al último tramo de un largo camino burocrático iniciado por la Asociación de Trujales y Olivicultores de La Rioja (Asolrioja) en el año 2000 y que concluyó en 2011 con el comienzo de la andadura del Consejo Regulador.
La creación de la DOP y su Consejo Regulador, supuso, según explica su actual presidenta –Clara Espinosa– «un cambio importante que derivó en una sustancial mejora de la calidad, y se pasó de elaborar aceite para el autoconsumo a elaborar para comercializar». Ese aceite que ahora recibe la etiqueta de Aceite de La Rioja cuenta con «unos aromas peculiares y un picor y amargor suaves al paladar», que le dan versatilidad y atractivo en la cocina, según la propia DOP: «En crudo, con verduras y ensaladas, resalta el sabor de los alimentos. En frituras, crea una capa protectora que conserva los jugos del alimento. En postres, aporta matices diferentes».
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Pero, además, consiguió la revitalización de un sector que parecía languidecer. Las mejores cifras se habían registrado a mediados del siglo XX. Hay documentación de 1942, que asegura que la región contaba con 5.780 hectáreas de olivar y, en 1953, llegaron a coexistir 81 trujales, pero treinta años después esos números se desvanecieron, tocando suelo en 1993, cuando el cambio a otros cultivos más rentables había reducido la superficie olivarera únicamente a 2.373 hectáreas.
La DOP no sólo frenó la decadencia del sector sino que aumentó sustancialmente la superficie dedicada al olivar pasándose en dos décadas de menos de tres mil hectáreas a las casi seis mil de la actualidad, entre otros motivos porque al aumentarse la calidad del aceite también se eleva el precio de la oliva.
El aceite siempre ha estado vinculado a La Rioja porque los olivos llegaron –como en todo el Mediterráneo– casi siempre de la mano de las vides, e incluso en la comunidad autónoma (donde fueron traídos por los romanos) parece ser que se plantaron antes que las cepas, por lo que la oliva y el aceite siempre estuvieron presentes en la región, pero no es hasta la creación de la DOP Aceite de La Rioja cuando toma entidad propia.
Aunque la Denoninación de Origen Protegida supuso un punto de inflexión, Clara Espinosa reconoce que todavía queda mucho por hacer, entre otras cosas, «la profesionalización del sector, la desaparición casi total del autoconsumo y que todo el aceite producido en la región esté amparado por la DOP Aceite de La Rioja».
1.300 hectáreas
de olivar están amparadas por la Denominación de Origen Protegida Aceite de La Rioja, aunque son casi 6.000 la dedicadas al cultivo.
500.000 son los litros de Aceite de La Rioja
que, de media, se producen cada año, aunque –por la sequía– la cifra ha sido menor en los últimos años.
14 almazaras
hay actualmente en la comunidad que producen las 70 marcas amparadas por la DOPAceite de La Rioja.
La transformación del olivar, una asignatura pendiente hasta hace unos años, ya prácticamente está concluida. Se ha modernizado para buscar su sostenibilidad económica: «El olivar más antiguo está abocado a la desaparición», reconoce Espinosa, pero seguidamente también añade que «el intensivo es rentable» y por ello, su supervivencia es mucho más viable, por la mecanización de las tareas y la menor necesidad de mano de obra.
Por último, como parte final del proceso de elaboración del aceite, «las almazaras riojanas también han ido adaptando sus sistemas de producción y se han modernizado», lo que ha contribuido a que cada año, en la comunidad se produzcan una media de medio millón de litros amparados por la Denoninación de Origen Protegida Aceite de La Rioja que, generalmente, «van destinados a mercados de proximidad aunque también hay una parte que se orienta a la exportación», señala Clara Espinosa, presidenta del Consejo Regulador de la DOP.
En muchos aspectos, el vino ha sido el referente donde se ha mirado (y se mira) el aceite de La Rioja. El aprovechamiento turístico es uno de ellos, y aunque Clara Espinosa reconoce que «vamos más retrasados que el vino», lo cierto es que las iniciativas que conducen a hacer de la elaboración de Aceite de La Rioja un recurso turístico cada vez son mayores. Así, la Almazara Iregua cuenta con su propio museo, la Almazara Riojana dispone de una coqueta sala de catas... y cada vez es mayor el número de las que reciben a los visitantes en 'casa' para difundir un proceso bastante desconocido pese a la tradición centenaria de la obtención de aceite de oliva en La Rioja.
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