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El restaurante Cachetero, uno de los más icónicos –y antiguos– de Logroño está escribiendo estos días las últimas páginas de su historia. Pasadas las navidades, ... el local cambiará de manos, cambiará de nombre e incluso cambiará de propuesta gastronómica.
El Cachetero abrió, por primera vez, sus puertas en 1910. Silviano Arechinolaza y Ezequiela Barrio alumbraron esta casa de comidas en los primeros metros de la calle Laurel.
Desde ese momento, se convirtió en referencia gastronómica de la ciudad, pero la época de mayor esplendor la vivió de la mano de la tercera generación. Tras los fundadores llegaron su hijo Mario, y Blanca, pero fueron Silviano (hijo) y su mujer Pilar Sábado quienes dieron al local el empujón definitivo.
El restaurante Cachetero fue lugar de visita obligada para toreros, actores que venían a representar sus obras al Teatro Bretón o cualquier otro amante de la buena cocina. Las paredes del local han estado buena parte de su vida adornadas con imágenes de los ilustres visitantes que a lo largo de más de un siglo se han sentado a su mesa. Ernest Hemingway, Anthony Quinn, Miguel Delibes, Paco de Lucía, miembros de la familia Real Española, Rafael Moneo, Carlos Saura y Francisco Rivera 'Paquirri' son algunos de los que han decorado sus muros.
Tras el fallecimiento de Silviano, sus hijos Diego y Silvia, ayudaron a su madre Pilar, verdadera motora del restaurante durante su última etapa como restaurante de la familia.
En el año 2012, tras el fallecimiento de su madre, Diego Arechinolaza había decidido dejar el restaurante y también su hermana, y fue entonces cuando emergió la figura de José Luis Vicente, Txebiko, quien desde 1999 había sido jefe de cocina del Cachetero, que decidió quedarse con el establecimiento que ha conducido hasta ahora. No obstante, el próximo mes de enero se centrará en un nuevo proyecto personal y el Cachetero desaparecerá para siempre.
Durante los casi tres lustros que Txebiko gobernó los fogones del Cachetero conservó el legado que recibió de la familia Arechinolaza Sábado, con los que trabajo en sus últimos años al frente del establecimiento. Cuando él tomó los mandos en solitario mantuvo el estilo tradicional que durante un siglo había tenido la cocina del Cachetero, aunque él le dio su toque personal.
Las patatas con chorizo, los caparrones, las pochas frescas o la menestra de verdura perderán uno de sus grandes templos logroñeses, como también deberán buscarse en otras cartas las alcachofas en salsa con almejas, el bacalao a la riojana, los pimientos rellenos, el cabrito asado, las patitas de cordero, la fritada o las peras de Rincón al vino.
En los primeros días del nuevo año, el Cachetero escribirá las última página de su centenaria historia y completará el libro de su vida. Logroño se quedará un poco huérfano. Sólo el restaurante La Chata es más antiguo que el Cachetero, aunque el restaurante de la calle Carnicerías no ha mantenido una actividad constante a lo largo del tiempo, como sí ha ocurrido en el caso del de la calle Laurel.
Atrás quedarán anécdotas como las recogidas en el libro 'Cachetero: más de 100 años de cocina tradicional riojana' como aquella que asegura que Ernest Hemingway se marchó sin pagar y una camarera del establecimiento corrió tras él por la calle Laurel; o la que narra cómo un clérigo apagó un suflé flambeado con su sotana pensando que se trataba de un incendio o aquella jornada a mediodía, en la que Miguel Delibes se sentó en la puerta del Cachetero a esperar a que alguno de los comensales terminara de comer para poder disponer él de una mesa y degustar su 'habitual' plato de verduras.
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