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Castilseco es un pequeño núcleo urbano que depende de Galbárruli. Este pequeño enclave de La Rioja Alta pasaba absolutamente desapercibido para el turista general hasta ... que hace un par de años, David Ruiz Alfaya y su mujer, Ana Belén Fernández, comenzaron su proyecto de enoturismo en la pequeña bodega familiar.
Eso hizo el año pasado que más de 1.000 personas acudieran a conocer la bodega, todo un hito para un núcleo urbano en el que apenas viven una veintena de vecinos.
Su apertura ha servido también para que se conozca otro de los atractivos de la localidad, la iglesia románica de San Julián –ubicada frente a la bodega– y que también se incluye en la experiencias enogastronómicas, porque la visita a la bodega Ruiz Alfaya se sale de lo convencional.
El visitante arranca su recorrido en la viña donde David explica las variedades de uvas, las características del terruño, las labores que se realizan ahí... toda una clase de viticultura sobre el terreno, en un viñedo ubicado a 560 metros de altitud. Además, en función de la época del año comenta la fase del ciclo vegetativo en la que se encuentra la vid. En su caso concreto, justifica el porqué habían optado por la cubierta vegetal en sus viñas, algo que posteriormente han ido adoptando sus vecinos.
De vuelta al núcleo urbano, y antes de adentrarse en la bodega, David y Ana Belén muestran la iglesia de San Julián, patrón del municipio junto a Santa Basilisa).
Se trata de un pequeño templo románico, levantado entre los siglos XII y XIII que presenta una serie de esfinges en uno de sus laterales exteriores (sobre el porche de entrada) y alberga en su interior algunas joyas como un ajedrezado jaqués en perfecto estado de conservación o unos arcos de medio punto y unos ventanales casi ciegos, ejemplos claros del arte románico.
Junto a ellos, en un lateral de la nave se sitúa lo que fue una antigua capilla, ya gótica, como evidencia su arco apuntado, que albergó la tumba de María Ruiz de Tosantos, una acaudalada dama local, que se hizo acompañar de unas pinturas del gótico inicial (bastante deterioradas) con la imagen –entre otras– de un Pantocrator.
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De vuelta a la bodega, toma el testigo Ana Belén y explica el proceso de elaboración de sus vinos. Cada año, la pareja –en la bodega no están más que ellos dos, y una tercera persona– recoge 100.000 kilos de uva, de los cuales elaboran 40.000 y el resto la venden.
En los últimos años han ido cambiando su filosofía (especialmente tras muerte del padre de David, y la llegada de Ana Belén al negocio). El vino a granel y el vino joven ha ido perdiendo mercado y por ello, cada más, se han ido centrando en vinos de autor, con un marcado toque personal y que adquieren un mayor valor añadido.
Las cifras de elaboración todavía son reducidas (unas 40.000 botellas al año), pero van dando pequeños pasos al frente. Ahora ya cuentan con nueve referencias, después de haber incorporado en los últimos años seis nuevos vinos a partir de las cuatro variedades de uva con las que trabajan (tempranillo blanco, tempranillo tinto, viura y garnacha). Se trata de dar un toque de modernidad a los vinos clásicos y sin olvidar la tradición del lugar, por eso, por ejemplo, siguen elaborando un clarete –muy típico en la zona– pero actualizado, y también otros vinos de autor en los que se nota claramente una evolución y diferenciación respecto a lo que siempre ha habido en la zona.
El vino de Ruiz Alfaya se puede encontrar ya en restaurantes, vinotecas y desde hace muy poco tiempo, en hoteles de Costa Rica, el primer punto al que han comenzado a exportar.
La última parte de la visita a bodegas Ruiz Alfaya se disfruta en la mesa. En función del tipo de experiencia elegida se realizará una cata con una degustación de productos típicos de la zona; o con un maridaje de platos elaborados por la propia Ana Belén Fernández.
«Me encanta la cocina», reconoce esta todoterreno que el año pasado fue finalista en el Concurso de Pinchos de La Rioja, frente a grandes restauradores y cocineros de la región.
En verano, además, se puede disfrutar de la terraza de la bodega, donde se puede combinar un espacio tranquilo, con los diferentes vinos de la firma (desde el tinto joven al crianza, pasando por blancos con barrica, claretes....) y también algunas de las típicas raciones o pinchos que se elaboran al momento y se sirven en alguna de las mesas exteriores de la bodega.
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