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Contador. Un modelo de funcionalidadNo se puede entender bodega Contador sin entender el carácter de su fundador y propietario, Benjamín Romeo. Este enólogo volvió a sus orígenes –San Vicente ... de la Sonsierra– con la bodega en la que prima el carácter funcional y está salpicada de obras de arte, firmadas en su mayoría por el artista asturiano, Pablo Maojo.
Un gran edificio de hormigón yace escondido a la sombra de la Sierra Cantabria sin alterar la preciosa vista del entorno, pero en su interior alberga unas instalaciones modernas y pensadas, ya desde su fase de proyecto, para servir de herramienta en la elaboración de vino de alta gama.
Contador fue la ilusión de Benjamín Romeo, a donde llegó después de haber trabajado en otra bodega de la zona, y más de una década elaborando vino en el garaje de la casa de sus padres y ayudándose de un calado excavado en una cueva bajo el imponente castillo de San Vicente.
El resultado fue tan satisfactorio que Robert Parker le otorgó 100 puntos, durante dos años consecutivos (añadas 2004 y 2005) a un vino elaborado de esa forma.
Fue entonces cuando Romeo dio el impulso definitivo a su proyecto personal en la localidad que le había visto nacer y, con Héctor Herrera como arquitecto, alumbra un edificio –perfectamente integrado en el entorno, respetando las terrazas de la ladera que ahora ocupa– que sirve de herramienta de trabajo. Aprovecha la gravedad (leve, para que el caldo avance sin golpearse) para mover el vino que trata con meticulosidad y cariño.
Es por ello que en la zona alta de la bodega se encuentra la zona de recepción de la uva. Donde se realiza la selección de la uva que llega en cajas de 20 kilos (Romeo inició este sistema cuando elaboraba vinos para Artadi). La uva procede de las 54 hectáreas de viñedo propio, repartidas en 72 parcelas.
Después le esperan unos depósitos de roble francés, algunos de los cuales introducen un sistema rotatorio para evitar un movimiento violento del vino que altere la extracción natural de propiedades.
Visita básica: Dura una hora y media, aproximadamente, e incluye la degustación de un vino blanco y un vino tinto.
Bodega, cueva y viña: Visita a la bodega, a la Cueva del Contador y a una selección de viñas. Dura una mañana o una tarde e incluye la cata de cuatro vinos: Predicador blanco, Predicador tinto, La Cueva del Contador y La Viña de Andrés Romeo.
Visita 'a la carta': Para los aficionados más exigentes. Un día completo de dedicación exclusiva, con cata de todos los vinos de la bodega y actividades complementarias a elegir: paseos en globo sobre viñedos, excursiones a lagares rupestres, almuerzo en el campo, etc.
Reservas
Correo electrónico: visitas@bodegacontador.com
Teléfono: 659 466 007
La fermentación maloláctica la realizan en las barricas, que se trasiegan cada solsticio (verano e invierno), es el paso previo a la segunda sala en la que el vino envejece en barricas –siempre nuevas– de roble francés.
El 80% de la venta de la bodega la realiza en 'premier' por lo que cuando finaliza el proceso en la botella el vino 'desaparece' de la bodega. Ese es el motivo por el que no hay stock, en las instalaciones de San Vicente.
La visita a Bodega Contador se completa –en función de la experiencia elegida– con el acceso a la viña, donde se pueden conocer la singularidad de las siete variedades con las que trabaja la firma, las labores agrícolas que requiere el proceso e incluso visitar un precioso chozo (Chozo del Sacramento) a los pies de la Sierra Cantabria y a la sombra de San Vicente de la Sonsierra.
De la misma forma, se puede visitar también la cueva o calado que da nombre a la bodega. A los pies del castillo, la firma dispone de varias cuevas. La primera con la que contó Benjamín Romeo fue la cueva donde se tomaba buena nota de las cantidades que los mosteros subían en las odres a los depósitos. Allí, desde una pequeña mesa, en una salita cuyo espacio está robado a la roca, el contador, apuntaba la aportación de cada uno.
Es por ello, que el primer vino que Benjamín Romeo elaboró personalmente fue 'La Cueva del Contador' y después, ya en 1999 llegó la primera cosecha de Contador, un vino que llamó la atención de Rober Parker, pero que no pudo aún puntuar porque su producción era demasiado pequeña (sólo 1.700 botellas). Hubo que esperar a la añada de 2003, cuando recibió 99 puntos, como antesala de los 100 de los años 2004 y 2005.
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