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Conde de los Andes. Un tesoro escondidoLos centenarios calados de Conde de los Andes son depositarios de una parte de la historia de Rioja. En el subsuelo, la firma –primero propiedad ... de Rumasa y Ruiz Mateos, después en manos de Marcos Eguizábal y ahora en las de la familia Murúa– custodia, entre otros tesoros, medio millón de botellas en fase de crianza y un cementerio histórico en el que se alojan botellas de las añadas que van desde el año 1892 hasta la actualidad y no únicamente de vinos tintos, sino que también alberga algunos blancos e incluso vinos dulces.
Conde de los Andes, a cuarenta metros de profundidad, dispone de unas espectaculares galerías –alrededor de kilómetro y medio lineal– donde conviven el estilo mudéjar de algunos de sus arcos, con las bóvedas de cañón o la piedra de sillería creando un ecosistema único de túneles horadados en el subsuelo del barrio de bodegas de Ollauri y protegidos por tres edificios en superficie. El enoturista se adentra en ellos con la curiosidad de lo desconocido y acompaña al vino en su pacífico descanso en unas idóneas condiciones (que se mantienen inalteradas en cualquier época del año) de temperatura, humedad e incluso iluminación, para que luego pueda expresarse mejor en la copa. La presencia de la humedad, el olor a vino y la sensación de recorrer la historia a cada paso, constituyen una experiencia única. Una inmersión histórica en la Denominación de Origen Calificada Rioja.
Visita tradicional
Incluye: Visita guiada por las galerías, explicación del proceso de elaboración y, en los propios calados, cata maridada con dos de los vinos actuales, y un vino de la colección histórica.
Precio: 50 euros.
Visita privada
Incluye: Visita guiada –solo con el grupo elegido para esta experiencia– por las galerías, explicación del proceso de elaboración y, en los propios calados, cata maridada con dos de los vinos actuales, y un vino de la colección histórica.
Precio: 120 euros.
Aunque no fue hasta 1896 cuando Federico Paternina creó la moderna bodega, lo cierto es que en ese mismo espacio que ahora ocupa Conde de los Andes, sus antepasados familiares ya hacían y guardaban vino desde el siglo XV, fecha en la que se datan los calados más antiguos.
Los diferentes propietarios los han cuidado con mayor o menor acierto, conscientes de la historia que encierran en los espacios robados a la roca.
En 2014, la familia Murúa asume la propiedad de una bodega clásica de Rioja y recupera la no menos histórica marca Conde de los Andes para bautizar tanto la bodega como algunos de sus vinos más representativos. No se conforman con cuidar del patrimonio recibido sino que lo amplían abriendo nuevos calados, uniéndolos a los ya existentes y acondicionándolos todos para dar a conocer la riqueza que esconden a través de visitas guiadas (sería imposible de otra forma porque no es fácil ubicarse en las cuevas y entre las botellas de los calados) un patrimonio no siempre bien conocido en la región.
Cada año, en torno a 50.000 nuevas botellas –vencen las dificultades que supone alcanzar el subsuelo en una infraestructura que data de hace varios siglos y que mantiene estrechas escaleras de piedra– y bajan a descansar a las mejores condiciones posibles, en los calados, unas cuevas climatizadas por la propia geología.
El visitante puede moverse y acompañar el proceso de elaboración del vino, desde la cosecha hasta el embotellado; y aprender cómo nacen los vinos de alta gama que ofrece la bodega de Ollauri al mercado.
Los vinos de Condes de los Andes que duermen en los calados remiten al territorio más próximo. «Si probáis Conde de los Andes Blanco, lo sentiréis: ese aire de flores y campo abierto os trasladará enseguida a un entorno natural preservado, de nítida belleza. Con el tinto, notaréis el cortejo botánico y la mineralidad caliza bien presentes. Luego, valdrá la pena visitar el viñedo bajo los riscos del Monte Toloño. Es un momento revelador, en que se unen percepciones agrestes y a la vez, muy cercanas de la civilización», se señala desde la propia bodega.
Dos de los más reputados 'bon vivant' de la segunda mitad del siglo XX fueron el escritor americano Ernest Hemingway y el torero andaluz, Antonio Ordóñez, cuyas imágenes dan la bienvenida al visitante en los calados de la bodega.
Ambos visitaron en su momento la bodega Conde de los Andes y detrás de su huella todavía hay algunos enoturistas (especialmente de procedencia norteamericana) que llegan a Ollauri para ver una de las bodegas riojanas que encandiló al autor de 'Fiesta', que también visitó otras durante su estancia en La Rioja, como fueron las Franco-Españolas de Logroño.
Los antiquísimos calados de la bodega se han convertido en un atractivo turístico de la localidad, y cada año son visitados por varios miles de enoturistas que quieren adentrarse en las entrañas de Rioja.
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