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En octubre de 2004, la Real Academia Española de Gastronomía ya cumplía 24 años y apoyada ya en una sólida andadura animaba a las comunidades ... autónomas que todavía no lo habían hecho, a la creación de las academias territoriales.
Es por ello que en esa fecha, Luis Javier Rodríguez Moroy –con el apoyo del propio presidente de la Real Academia, Rafael Ansón; y de la presidenta de la Cofradía de la Buena Mesa, Imelda Moreno– convocó a un grupo de amigos y aficionados al buen comer y crearon la Academia Riojana de Gastronomía.
Un lugar tan vinculado a la historia de la región como fue el Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla, fue el escenario oficial de la fundación. Poco después, se trasladaron al restaurante La Merced para celebrarlo en torno a una mesa brindando con vino de Rioja. Hoy, veinte años después, volverán a reunirse en La Merced para festejar las dos décadas de vida de la institución y homenajear al cocinero Lorenzo Cañas.
El objetivo por el que –en su día– Rodríguez Moroy contactó con los que luego fueron los primeros académicos era que le ayudaran a defender la gastronomía riojana (entendiendo como tal, y en sentido amplio, la labor que va desde los pequeños productores a los más reputados restaurantes), y que contribuyeran también a darla a conocer y promocionarla; y esos son los objetivos que asume como propios la Academia Riojana de Gastronomía ahora que celebra las dos primeras décadas de su vida.
Desde aquel momento, el grupo de hombres y mujeres que aceptaron la invitación de Rodríguez Moroy para formar la Academia, han organizado diferentes actividades destinadas a cumplir los objetivos fundacionales de la entidad. Cursos de verano, ciclos de conferencias, y otras iniciativas divulgativas que siempre han tratado de servir «para tratar de trasladar el mensaje de excelencia a productores, profesionales, bares, restaurantes... para lo cual hemos traído a La Rioja a referentes nacionales que sirvan de modelo a nuestra gente», señala Pedro Barrio, el hombre que en 2015 tomó el relevo de Rodríguez Moroy al frente de la Academia y que hoy en día sigue .
Además, la institución también ha afrontado trabajos más teóricos como el 'Estudio de la Identidad Gastronómica Riojana' o la elaboración –ya a punto de concluir– de un recetario tradicional riojano que espera ver pronto la luz y servir de documento histórico de incalculable valor.
Barrio señala también la importancia de muchas acciones que, de forma discreta, lleva a cabo la Academia Riojana sin que trascienda a la opinión pública: «En pandemia tratamos de ayudar y aconsejar a los hosteleros; además, tratamos de mediar en las tensiones surgidas entre hosteleros y cocineros en esos difíciles momentos; y hemos llevado acción de lobby para que cocineros riojanos estuvieran entre los que han de ser tenidos en cuenta a la hora de la concesión de los más importantes reconocimientos a sus locales. Incluso, podemos presumir de que uno de nuestros encuentros en el que estuvieron Ferrán Centelles y Custodio Zamarra frenara la disolución de la Asociación de Sumilleres, que posteriormente ha dado lugar a la Escuela de Sumilleres de La Rioja», relata Barrio.
Igualmente, la Academia Riojana de Gastronomía –que no recibe ningún tipo de ayuda pública para su funcionamiento–, junto al grupo Vocento, puso en marcha hace ya unos años, los Premios de Gastronomía que premian a los más relevantes del sector en La Rioja, y contribuyen a la divulgación al acompañar su entrega con una conferencia sobre algún tema de carácter gastronómico.
En la celebración hoy de los 20 años de la Academia Riojana de Gastronomía tanto los académicos como el resto de los asistentes al almuerzo (algo más de 300 comensales) rendirán homenaje a uno de los grandes padres de la gastronomía riojana: Lorenzo Cañas.
El titular de La Merced –un restaurante que, cuando ocupó el palacete de la calle del mismo nombre, fue todo un referente de la cocina riojana y punto de peregrinaje para todos los aficionados a ella– contribuyó a la modernización de la culinaria regional.
Junto a Marisa Sánchez, otro de los grandes referentes de la cocina de la comunidad, desgrasaron los principales exponentes del recetario riojano y redujeron la aportación picante para conseguir una gastronomía mucho más accesible.
Lorenzo Cañas, un hombre reacio a premios y homenajes, siempre ha sido –según explicaron el presidente y vicepresidente de la Academia– «tremendamente generoso con la institución, y con frecuencia nos ha acogido en su casa». De hecho, recordaron que hace ahora 20 años, justo después de firmarse el acta fundacional de la Academia Riojana de Gastronomía, los académicos se reunieron en el restaurante La Merced (ya el actual restaurante de eventos) para celebrar su primera comida de confraternización.
Hoy, antes de recibir su homenaje, Lorenzo Cañas, servirá el almuerzo a los más de 300 asistentes, como es su voluntad, porque él siempre ha dicho que lo suyo es cocinar
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