
CASIMIRO SOMALO
Jueves, 7 de agosto 2014, 23:22
La vida de Bryan Mac Robert (Ciudad del Cabo, 1984) es una aventura estrechamente vinculada al vino. Sus padres, descendientes de escoceses y holandés, dejaron la ciudad para asentarse en el campo y dedicarse a la agricultura y al vino. Con apenas cinco años correteaba por Malmesbury, en la región de Swartland, una zona emergente que destaca por la producción de trigo y por sus viñedos.
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Tras estudiar Enología en la escuela más prestigiosa de Sudáfrica regresó a su pueblo, como él mismo dice. Estuvo cuatro años en una pequeña bodega de vinos de calidad y con viñas de más de 40 años y baja producción.
En el 2010 Clara Canals, enóloga de Campo Viejo y responsable de la mini experimental de la firma, completaba formación en Sudáfrica. Clara y Bryan se conocieron a través de amigos. Dos años después, el joven enólogo sudafricano ya estaba en La Rioja aprendiendo español, idioma que habla hoy con bastante fluidez, y haciendo su propio vino desde el 2013.
Cotilleos al margen, amor y vino y cada uno a lo suyo. El riojano adoptivo presentará 'Laventura', un tinto de tempranillo y un blanco de viura, en diciembre. Bryan ha comenzado buscando uvas de viñas viejas, con carácter, y pequeñas parcelas. Empieza con dos monovarietales. La aventura va a seguir con las ganarchas. «Pero yo tengo más concepto de viña que de variedades». Lo dice porque todavía hoy admira la longevidad de los vinos que se hacen en el viñedo. «Sin duda, reconoce. El mejor amigo y aliado del enólogo es el agricultor...». Aquí «hay gente con cultura del vino y del cultivo».
Los vinos están ahí y hablarán cuando llegue el momento. Hoy tiene algunos conceptos más que claros. «¿Rioja? No conocía mucho antes de llegar aquí. ¿Vinos? Algunos de Tondonia y de Muga. Pero estando aquí sabes que hay un mundo de enormes posibilidades de desarrollo, de una increíble variedad de suelos, climas, orientaciones y de otros elementos que conforman lo que es un vino. Aquí puedes ver y comprobar que si trabajas la viña el vino no se toca o hay que hacerlo lo menos posible...».
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La lanzadera de la aventura joven y particular la va a desarrollar sobre conceptos que considera básicos: viñas y trabajo en las viñas. «No es una cuestión de variedades, ni de grado, ni de color... La materia prima es esencial. El vino sabe a uva». Frente a las bombas tánicas de elevadísima graduación, él elabora vinos tintos y blancos que están entre los 12 y los 12,5 grados. «El vino no es negro. Tiene colores y otros fundamentos que no se limitan al grado. El tempranillo de Rioja está en su casa; la viura creo que hay que conocerla y es espléndida y con enormes posibilidades».
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