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Quienes a partir de ahora visiten el Museo Würth La Rioja, tras cruzar la puerta de acceso se encontrarán en un espacio rediseñado por la pandemia del coronavirus. Una entrada de apariencia más diáfana, donde el mostrador de recepción y el mobiliario de la tienda del museo han bailado su ubicación para facilitar el recibimiento al visitante y garantizar su seguridad. Un rediseño que ha mejorado este espacio y, por lo tanto, ha llegado para quedarse. Pero no es lo único que la reciente crisis sanitaria ha traído consigo al museo de Agoncillo, ni siquiera lo único bueno.
«Con esta nueva situación, quien realmente va a ganar es el visitante», subraya su directora, Silvia Lindner, convencida de que «en estas nuevas circunstancias, en las que cambian los aforos y la forma de llegar al público, la oferta cultural va a estar mucho más focalizada en el visitante individual, que va a obtener una mayor calidad del servicio».
Además, durante el confinamiento las redes sociales han abierto vías hacia nuevos públicos y han acortado distancias con los artistas, de modo que el formato digital ganará peso en los futuros proyectos del museo.
El Würth reabría el domingo sus puertas al público, en una jornada festiva y señalada –el Día de La Rioja–, y lo hacía con la exposición interrumpida tres meses atrás: 'Arte Español a partir de la Colección Würth'. Las primeras horas se vivieron prácticamente sin público, como en ese 'Jardín de las delicias' de José Manuel Ballester desprovisto de personas que jalona la visita, y al que se suman firmas de lujo como Chillida, Valdés, Tàpies, Saura, Plensa...
La exposición como tal no ha cambiado, pero sí su recorrido y los aforos. «Lo que más nos ha supuesto ha sido el rediseño de un recorrido lógico y preventivo para el público», apunta la directora, consciente de las ventajas de un museo «que goza de espacios muy amplios y generosos en luz, que invitan a sentirse más seguro».
La nueva cartelería advierte de los aforos ajustados para cada espacio, del curso de la visita y el uso individual de los ascensores. «Y como no se pueden repartir folletos de la exposición, se ha colgado más información en la web y en breve dispondremos de códigos QR», explica Silvia Lindner.
Los eventos y actividades paralelas también precisarán de una reinvención. «Serán de otra manera o con otros formatos, pero se seguirán haciendo». Es el caso de las concurridas veladas musicales durante el mes de agosto, que «desaparecerán como tales pero habrá sorpresas en su lugar».
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