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Lorenzo Silva firma una nueva entrega del ciclo protagonizado por el subteniente Bevilacqua y la brigada Chamorro, en la que mezcla la trama policíaca y ... el drama pandémico. En 'Las fuerzas contrarias' saca partido novelesco a un escenario como el que se creó en 2020, de tragedia y caos colectivos a escala mundial, el idóneo para que afloren la nobleza y los ejemplos de heroísmo, así como la vileza de quienes tratan de aprovechar la confusión general y el dolor ajeno para sacarles provecho y perpetrar sus tropelías.
El texto arranca en la misma víspera de que el Gobierno de España estableciera las medidas del estado de alarma. Y es en ese contexto en el que la célebre pareja de guardias civiles se las tendrán que ver con dos casos: el de la desaparición de una mujer en Badajoz y el de la muerte de una vecina jubilada de la localidad toledana de Illescas, donde a su vez ya se habían producido otros fallecimientos. Más que atribuir todas esas defunciones al covid, el argumento se desliza en la sospecha de que ha intervenido una mano negra en todos esos casos acumulados, aunque dicha tesis tropieza con la frustrante imposibilidad de proceder a la autopsia de los cadáveres, porque éstos ya habían sido incinerados.
Las pesquisas se desarrollan en el enrarecido clima del confinamiento general, que da lugar a algunas novedades con respecto a la tónica tradicional de la serie. Por una parte, adquiere una relevancia bastante mayor que en otras anteriores entregas el trabajo en equipo, así como la división de funciones y responsabilidades. Por otra parte, la novela hace acuse de recibo del paso del tiempo en los dos protagonistas. Entre el primer caso al que tuvieron que enfrentarse y este último ha transcurrido más de un cuarto de siglo.
Rubén Bevilacqua ya anda por la sesentena, lo que permite que se preste especial atención a las jóvenes generaciones que tomarán el relevo, lo cual sirve también para dar al lector un retrato de familia de la Guardia Civil y de sus cambios durante las últimas décadas. Asimismo cobra peso la confianza que se ha fraguado durante años entre Bevilacqua y Chamorro, que se acentúa más y adquiere unos tintes íntimos en el contexto excepcional de la pandemia. Esta sirve para encontrarnos con un subteniente Bevilacqua (Vilas para los amigos) más reflexivo de lo acostumbrado, lo cual le permite, técnicamente, la primera persona en una narración no exenta, sin embargo, de ágiles y convincentes diálogos.
Al aspecto filosófico y al sociológico de la novela cabe sumar el humorístico (hay alusión al consumo voraz de papel higiénico) y también la vertiente lírica en ese título tomado de una canción de Franco Battiato.
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