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Frío fue de salida el cuarto, un animal del El Pilar cuajado, altito y estrecho de sienes. Fría se estaba quedando también la tarde en ... el día grande por San Roque, hasta que Urdiales tomó la muleta tras brindar a su gente. Nos metió de lleno, aunque le costó lo suyo. Soberbio fue el inicio de faena, al que muleteó con un amplio repertorio por bajo, doblándose y en la verticalidad. Marca de la casa. Por el pitón derecho tuvo transmisión el toro y Diego se hizo con la embestida hilvanando con precisión los trazos. Calibró con inteligencia siempre las alturas, los terrenos, buscando ajustarse el viaje de los pitones a la altura del abdomen. Por el pitón izquierdo el toro se descomponía mucho, no era tan claro, fue más paradote y de finales deslucidos saliendo con la cara alta. Continuó por ese pitón, algo debió verle Diego, que insistió en la búsqueda del toreo. Volvió al pitón por el que fluyó todo al comienzo, por el que gozamos, pero el toro ya no fue el mismo. Hubo muletazos buenos que llegaron, pero se quedaba corto. En la imperfección de la obra estuvo la belleza, y tras la estocada llegaron las dos orejas.
Una caja llena de misterios le tocó con el que abrió plaza. Incierto hasta que a la segunda lo mató. Con el capote tuvo que lidiarlo con inteligencia, pues en dos ocasiones le avisó colándose por el pitón izquierdo. Con la muleta comenzó exigiéndole por bajo, pero le volvió a advertir. Tercer aviso. Había peligro. Entre las dos rayas lo trató Urdiales de meter en los vuelos con la mano diestra, con sus tiempos, porque el toro, aunque repetía, lo hacía cabeceando y con brusquedad. Sacó raza para tirar de él. Por el pitón izquierdo imposible. O eso parecía. Cruzándose siempre a ese terreno difícil, de uno en uno trató de pasárselo lo más ajustado posible, encajando la figura, pero sorteando el cabeceo molesto del toro. Al final de la obra, cuando el toro ya bajó las revoluciones, vinieron pasajes bonitos al natural. Pinchó al matar.
Plaza de toros de Alfaro. Se lidiaron toros de El Pilar, de hechuras y comportamientos desiguales. El 1º, brusco e incierto; el 2º, complicado y muy protestón; el 3º, soso; el 4º, bueno por el pitón derecho; el 5º, rajado; y el 6º, sin entrega. Lleno de 'no hay billetes' dentro del aforo permitido.
Diego Urdiales, de verde botella y oro. Pinchazo, estocada baja (oreja); estocada (dos orejas).
Tomás Campos, de verde botella y oro. Pinchazo, estocada baja (saludos); pinchazo, estocada desprendida (oreja).
Juan Ortega, de carmín y oro. Dos pinchazos, estocada baja, aviso (saludos). Pinchazo, estocada baja. (silencio).
Tomás Campos volvió a enfundarse en un terno de luces tras varios meses sin sentirlo en un ruedo. La pandemia, y que el sistema no es justo a veces han tenido a este extremeño fuera de las ferias desde finales de 2019. Brindó al público la faena del regreso, pero su compañero, con el que tenía que aliarse para hacer algo grande, no colaboró. Fue un toro complicado, que embistió sin entrega. Directamente con la mano izquierda comenzó la faena. Por ese pitón trató de armar la primera parte, pero aquello no fluyó. Se pasó al pitón derecho, pero el animal se revolvía más, quedándose cortó y buscando presa. Lo intentó de nuevo por el izquierdo, pero no había materia. Pinchó y todo quedó en saludos.
Muchas teclas tuvo el quinto. Desde los comienzos amagó con irse a tablas. Sí que lo toreó bonito a la verónica. Ya con la muleta, Campos trató de sujetarlo. Hubo series buenas y de buen trazo, siempre que lograba, eso sí, taparle la salida y no quitarle la muleta de la cara. Ya metido en tablas, aquello se pagó. Pinchó y cortó una oreja.
Juan Ortega pasó por Alfaro sin dejar huella. En su primero tuvo que lidiar con las embestidas del viento y las de un toro que acometió con calidad pero a media alturita. Buenos pasajes hubo a ratos, encajando la figura, sobre todo, por el pitón derecho. Por el izquierdo el toro fue otro. Ortega trató de llevarlo sin lograr buenos resultados. Al principio protestaba y luego se quedaba cortó. Volvió a la diestra, y ahí quiso volver a fluir la cosa. La sensación fue rara. Por un momento brotaba el toreo y al instante se descuadraba la obra. Con el que cerró plaza no tuvo opciones. Fue un toro frío que no se entregó y con el que Ortega poco pudo hacer. Urdiales se llevó la tarde, la décima Puerta Grande, aunque este dato ha quedado para las estadísticas, pues abandonó la plaza a pie.
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