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Público ante la nube nuclear de Marck Quinn, en la inauguración de la exposición durante la tarde del pasado viernes.

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Público ante la nube nuclear de Marck Quinn, en la inauguración de la exposición durante la tarde del pasado viernes. MUSEO WÜRTH
'Horizonte'

Agua y arte en el mismo cauce

El Museo Würth vincula los conceptos agua y horizonte en su nueva exposición, donde reúne más de 70 obras de 58 artistas de su colección

Domingo, 30 de marzo 2025, 10:58

Agua y horizonte configuran el paisaje en el que el Museo Würth La Rioja ha querido detenerse y enfocar su nueva exposición; un paisaje que va más allá de su mera representación formal para concebirse como una manera de pensarnos personal, social, cultural y ecológicamente. 'Horizonte, el poder del agua en la Colección Würth' –título de la exposición– permanecerá en el museo de Agoncillo durante casi un año, hasta el 22 de febrero de 2026.

En ella, la mirada de 58 artistas nos aproxima a la representación de los estados y las formas del agua desde finales del siglo XVII (en un óleo anónimo de un paisaje fluvial) hasta la actualidad, reparando en artistas fundamentales de la Historia del Arte Contemporáneo como Pierre Bonnard, Josef Albers, Johannes Itten, Robert Jacobsen, Christo, Fabrizzio Plessi, Jaume Plensa o Markus Lüpertz. De su mano y de de las más de 70 obras reunidas en esta muestra, el recorrido no solo fluye a través de agua sino de los movimientos artísticos más importantes de los siglos XX y XXI, como el Impresionismo, la Abstracción, el Expresionismo, el Arte Conceptual o la Fotografía artística.

Cinco apartados

La exposición se estructura en cinco 'horizontes': líquido, cultural, sobre y bajo la línea del agua, y el horizonte futuro

En los lienzos, esculturas y videoarte de 'Horizonte', el líquido elemento discurre como metáfora de creación, fertilidad, civilización, comunicación, pureza, vida..., pero también de destrucción, violencia, frontera, insalubridad, miedo o muerte. Así, las amenazantes nubes que preludian una tormenta, el oscuro Mar del Norte, los arrecifes de coral, los glaciares en retroceso, una piscina en verano, el arroyo en un bosque, una inundación, un oasis o el mar en calma trasladan al visitante a un lugar distinto del que nos devuelve la imagen misma para hablar de nosotros como sociedad.

El recorrido por la exposición se estructura en cinco bloques temáticos que coinciden como cinco caleidoscópicos 'horizontes'. Se abre con 'Horizonte líquido', basado en la idea de cambio constante, y más concretamente con 'El manantial' de Dieter Hacker, alegoría femenina de una nueva vida. En el mismo espacio, Jaume Plensa materializa el pensamiento en una figura humana (de la serie 'Sitting tattoo') y en las palabras y textos que tatúan su cuerpo. Y Josef Albert, artista fundamental para el desarrollo del Op Art, firma el geométrico óleo sobre aluminio 'En el agua' en el que plasma el movimiento de un cuerpo sumergido.

El apartado 'Horizonte cultural' aborda la dimensión mitológica de los fenómenos climáticos. Y sobre estos mitos antiguos aportan una mirada contemporánea las esculturas de Klaus Horstmann ('Panta Rhei'), Lüpertz ('Clitunno') y Esperanza D'Ors (Narciso representado en 'Los días felices').

El trayecto continúa por el tercer bloque temático, 'Sobre el horizonte', centrado en la representación de paisajes con agua en superficie. Un recorrido histórico desde el romanticismo de Oesterley hasta el neoexpresionismo de Richter; del land art de Crhisto & Jeanne Claude hasta la abstracción geométrica de Robert Jacobsen o David Rodríguez Caballero; del impresionismo de Bonnard a la fotografía de Elger Esser o el arte digital de Gerhard Mantz.

'Bajo el horizonte', por el contrario, ahonda en nuestra relación con el mar y el mundo submarino. En este espacio contrastan los fondo marinos de Pongratz con los de Knaupp; los bañistas de Otto von Thoren y de Salomé; la elegante y resbaladiza escultura de Richard Deacon y la huella submarina de Salvaterra.

Distópico futuro

Un distópico 'Horizonte futuro' cierra el recorrido de la exposición y lo hace a través de obras que remiten al gran desafío de nuestro tiempo: el calentamiento global. Sobre el terror nuclear en lo político y lo ecológico habla en este apartado la enorme 'Gota de lluvia después de Chernóbil' de Klaus Rinke o la nube nuclear de tres toneladas esculpida digitalmente por Marck Quinn en mármol blanco, donde recrea una de las pruebas atómicas llevadas a cabo en Nevada en 1953. 'El jardín' del Bosco se nos presenta deshabitado por obra de José Manuel Ballester mientras, a su lado, el agua fluye en cascada en la videoescultura 'Arco digital' de Fabrizio Plessi, metáfora de la temporalidad y la memoria.

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