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Santo Domingo de la Calzada vuelve a tener río. Un río con agua, claro está. El Oja llevaba desde mayo sin gota de ella pero, ayer, los calceatenses se levantaron con la noticia de su retorno, siempre recibida con alegría: el cauce bajaba muy caudaloso, algo que hizo con nocturnidad, pero sin alevosía. Era lo previsible, solo a la espera de afinar las fechas, después de que desde hace algunos días las localidades situadas aguas arriba –Ezcaray, Ojacastro y Santurde de Rioja– fueran progresivamente recuperando la imagen normal de un río, la cual, desgraciadamente, pierden cada vez más tiempo en los últimos años.
Las lluvias de las últimas semanas, más en la sierra que en el valle, lo han hecho posible. Y las precipitaciones del domingo por la tarde dieron un buen empujón. La estación agroclimática de Santo Domingo de la Calzada recogió 12 litros de agua de lluvia por metro cuadrado. En Ezcaray se cifraba en 30 litros, cantidad mayor aún en la sierra. Eso aceleró la recarga del acuífero y provocó una súbita y fuerte subida del río, que sorprendió a una obra ribereña que se lleva a cabo entre Ezcaray y Ojacastro.
Dicen por aquí que «el Oja baja cuando se le antoja». Ayer fue ese día. El agua está aquí y no solo embellece el paisaje sino que evidencia que el acuífero, ese gran lago subterráneo existente bajo nuestros pies, ha terminado de llenarse, lo que es una excelente noticia: el agua del Oja no solo pasa para mezclarse en Cihuri con la del Tirón y continuar como este; buena parte de ella también se queda aquí. De hecho, el Ayuntamiento publicó ayer un bando en el que anuncia que, debido a la favorable evolución de los recursos hídricos en las captaciones de Patagallina y Santurde de Rioja, se levantan las restricciones vigentes desde el 29 de agosto, por las que quedaba prohibido el uso del agua potable para el riego de zonas verdes, huertas y jardines; llenado de piscinas, lavado de vehículos y otros usos similares que se realicen con agua potable y no fueran esenciales.
No obstante, el alcalde, Raúl Riaño, apela a realizar «un esfuerzo colectivo a través de un uso racional, responsable y solidario de este bien escaso, para evitar volver a tener que implantar la medida de manera inmediata, si fuera preciso».
Los calceatenses volvieron ayer a asomarse a su río para disfrutar del espectáculo del agua, que fue tema de muchas conversaciones y no pocas, sobre la necesidad de almacenarla, porque, a lo mejor, algún año tarda mucho más en volver o no vuelve, lo que sería un gran problema.
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María Díaz y Álex Sánchez
Almudena Santos y Leticia Aróstegui
Roberto G. Lastra | Logroño
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