José Luis, de espaldas, señala el solar en el que estaba su casa en la calle Arrabal, mientras le observan dos operarios de la empresa Terraplenes y Escolleras de La Rioja, que ha realizado otro derribo en el solar de al lado, en el número 93. I. Á.
José Luis Muñiz | Perdió su casa en Calahorra

«Lo perdí todo y no fue culpa mía (...) He estado pagando la hipoteca sin tener casa»

Muñiz perdió su vivienda hace tres años durante las obras de urbanización de la calle Arrabal, aunque le siguen reclamando el derribo

Isabel Álvarez

Calahorra

Sábado, 29 de marzo 2025, 08:19

A José Luis Muñiz un café le salvó la vida. Así, tal cual. Su casa, en el número 91 de la calle Arrabal, de ... Calahorra, se vino abajo justo después de que él hubiese salido para acudir a una cafetería. Era el 10 de julio de 2022 y «hacía calor», recuerda. «Antes había dejado la compra en la bajera y me había ido a aparcar el coche, porque la calle estaba en obras y no podía dejarlo dentro», relata.

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La casa de José Luis no estaba declarada en ruina ni en mal estado como suele suceder con otros inmuebles del casco antiguo de Calahorra que acaban hechos trizas. Los trabajos de reurbanización de la calle Arrabal, que en ese momento llevaba a cabo el Ayuntamiento, a través de la empresa Pavimentaciones Morales, provocaron el fatídico desenlace. «A raíz de que las máquinas se acercaban a mi casa salió una grieta al lado de la puerta de la bajera y avisé al seguro», explica. El técnico de la compañía aseguradora se «acercó unos días antes y no le dio importancia, cuando unos días después, se cayó la mitad de la casa», cuenta de aquella jornada en la que «lo perdí todo». «Es que no pude hacer nada. Bastante hice con llamar al perito y decirle que se iba a caer», dice todavía con angustia José Luis, que confiesa haber necesitado ayuda psicológica para afrontar este trance.

A partir de ahí el Ayuntamiento le proporcionó unos días de alojamiento en un hotel. Pero sin tiempo para asimilar lo sucedido se vio en la necesidad de buscar una vivienda alternativa. «La asistenta social me decía que no había pisos libres, así que me fui a casa de mi hermana», precisa.

Un café salvó la vida de este vecino, que unos días antes del derrumbe había advertido a su aseguradora de una grieta en su casa

José Luis, que entonces trabajaba como carretillero y se encontraba de baja laboral tras someterse a una operación de corazón («me quedé hasta sin la medicación que me tenía que tomar»), encontró meses después un pequeño apartamento en alquiler en la calle Justo Aldea. «Ahí había una mesa, un somier que me puso con un colchón y un sofá...», describe a la vez que incide en que lo más doloroso de la pérdida de su vivienda son «las cosas que son irrecuperables, como las fotos familiares».

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Sin embargo, mientras José Luis, ahora jubilado, intentaba rehacer su vida se enfrentaba a otra situación complicada derivada del derrumbe y de la que no se sentía ni se siente responsable. El Ayuntamiento le reclamaba «entre 30.000 y 35.000 euros» por el coste del derribo del inmueble. «Pero no fue culpa mía. Hicieron un socavón de dos metros (para meter las canalizaciones) y la fachada se quedó en el aire. Y yo ya le dije al Ayuntamiento que no se podía hacer así, que las casas antiguas no tienen cimientos y había que tapar los huecos», sostiene.

La compañía con la que tenía asegurado el inmueble le indemnizó con «60.000 euros». Aunque «unos 12.000 euros fueron para pagar lo que me quedaba de hipoteca» de la vivienda, en la que residía desde hace unos 20 años. Así que «he estado pagando la hipoteca estando sin casa».

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En estos momentos, «de los gastos del derribo se va a hacer cargo la empresa, pero a mí me reclaman 3.000 euros por falta de mantenimiento». «¿Pero falta de mantenimiento de qué, si yo tenía bien mi casa», se cuestiona molesto.

La aseguradora de José Luis, Mapfre, ya ha reclamado por su parte al Ayuntamiento el dinero de la indemnización al entender que la responsabilidad patrimonial de los daños causados es de la Administración. El Consistorio llevó el caso al Consejo Consultivo de La Rioja, que en un dictamen del 26 de noviembre de 2024 estimó parcialmente la reclamación, considerando que el «Ayuntamiento es responsable de los daños cuya indemnización se pretende en un 50%», mientras que la empresa que redactó el proyecto (Estproingar) y la firma adjudicataria de la ejecución «son responsables en un 20% cada una».

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