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UN TESORO. Arqueta de San Felices, cedida por el monasterio de San Millán de Yuso. / L.R.
La Arqueta de San Felices es una de la piezas destacadas de la muestra
SOCIEDAD

La Arqueta de San Felices es una de la piezas destacadas de la muestra

J. S.

Viernes, 30 de mayo 2008, 10:42

La Diana Cazadora del Museo Cerralbo, de Madrid; el Tríptico de la Pasión, del Bosco; el San Sebastián, de Ribera; el San Antonio de Padua con el Niño Jesús, de Goya; Las lágrimas de San Pedro, de Velázquez; La Sagrada Familia, del Greco; El Cortejo de los Reyes Magos del Belén de Salzillo; El pintor en el trabajo, de Picasso; Olseaux dans l'espace, de Miró; los Toros,, de Barceló son obras de arte cedidas por algunas de las principales pinacotecas y colecciones españolas, incluidos el Museo del Prado y el Thyssen, a la extraordinaria exposición 'Del Ebro a Iberia'.

Son piezas «sorprendentes», según el comisario de la muestra, raras de ver, algunas de ellas nunca antes expuestas en España. De entre todas ellas, Antonio Meléndez, quien las ha escogido, destaca la Arqueta de San Felices, «una de las más importantes joyas que se exponen en esta colección».

Se encuentra recubierta por cuatro piezas de marfil hechas en el siglo XI con escenas religiosas. Además, tiene tres piezas de cristal de roca con forma de piezas de ajedrez árabe, mientras que la estructura original de madera se encuentra recubierta por piezas de orfebrería desde 1944.

Es uno de los elementos dispuestos en la exposición para subrayar «el idioma como argumento». Meléndez inserta en la muestra la edición facsímil del célebre Códice Aemelianensis 60, cuyo original se conserva en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, en Madrid, aunque procede del monasterio de San Millán de la Cogolla. Junto a ella se exhibe la escultura de San Millán del siglo XIV en alabastro oscuro, más dos beatos copiados en su scriptorium..

Siguiendo 'Del Ebro a Iberia' un relato cronológico, la aportación riojana se vuelca en las etapas más antiguas. La exposición arranca con varias piezas relativas a la aparición de la Virgen a Santiago en Zaragoza, entre ellas una talla del apóstol, del siglo XIV, procedente de la iglesia de Jubera; y otra de la Virgen del Pilar, del siglo XVIII, procedente de Alfaro. También queda reflejado de este modo la influencia jacobea y la convergencia de esta ruta con el Valle del Ebro.

Una vez planteado el tema, se remonta a las culturas íbera y romana. Dos diosas, una de ellas la Venus de Libia,, de Herramélluri (la otra es la mencionada Diana Cazadora), representan este inciso. Y tras el ya descrito capítulo emilianense, la muestra avanza hacia el Románico con la Cruz de Mansilla, del siglo XII.

La exposición prosigue su camino hasta la actualidad, pero lo riojano termina aquí, que no es poco.

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