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PÍO GARCÍA pgarcia@diariolarioja.com
Martes, 3 de diciembre 2013, 23:54
Jesús Gracia Aldaz (Zaragoza, 1960), licenciado en Derecho y en Filología Hispánica, es diplomático de carrera y sus destinos profesionales siempre le encaminaron hacia América Latina: fue embajador en Cuba y luego se convirtió en el 'número dos' de la embajada española en Buenos Aires. Por eso no resulta raro verle hoy en la Secretaría de Estado para Iberoamérica. Gracia, que el viernes clausurará en Logroño las jornadas 'Futuro en español', atiende al periodista por teléfono desde su despacho en Madrid. Debería estar en Brasil con el Príncipe, pero el avión en el que ambos iban a viajar se quedó aparcado en Barajas por una avería. «Son contratiempos que a veces ocurren», se resigna.
-Íban ustedes a Sao Paulo. Podemos comenzar por ahí: ¿Se convertirá Brasil en la superpotencia mundial que todos auguran?
- Brasil es ya un país muy importante. Un país que lleva muchos años aplicando políticas ortodoxas que le han permitido crecer y atraer inversiones, de tal manera que ha conseguido sacar a 30 millones de personas de la pobreza.
- Para los empresarios, Iberoamérica parece dividirse en dos, según el grado de seguridad jurídica que ofrecen sus países: Brasil, Chile, Colombia por un lado; Argentina, Venezuela, Bolivia por otro... ¿Está justificada esta división?
- Más que divisiones políticas o geográficas, hay oportunidades de inversión y escenarios más o menos favorables. Está claro que les va mejor a aquellos países que mantienen los principios de seguridad jurídica y que respetan los acuerdos internacionales. Cada país se organiza como quiere y, en efecto, unos atraen más inversión que otros.
- Usted conoce bien Argentina. ¿Debemos temer el poder creciente del nuevo ministro de Economía, Alex Kicillof? Todavía resuenan sus palabras, a propósito de la expropiación de Repsol, calificando la seguridad jurídica de 'concepto horrible'.
- No lo conozco personalmente; pero creo que, cuando uno tiene una responsabilidad publica, siempre trata de hacerlo de la mejor manera posible para su país. El ministro de Economía argentino querrá sacar adelante una nación que está en situación difícil. En las últimas horas se ha llegado a un principio de acuerdo para solucionar el conflicto de Repsol, y eso puede ser un buen síntoma de que los intereses son incluyentes: a Argentina le interesa que la inversión extranjera llegue, porque si no no podrá explotar los yacimientos de Vaca Muerta, y las empresas quieren tener las garantías de que su inversión va a estar protegida.
- Desde hace diez años, más del 70% de las inversiones españolas se dirigen a la UE y a Estados Unidos. Metidos en el trajín del euro, ¿hemos descuidado nuestra relación con América Latina?
- No; ocurre que una unión como la europea, económica y monetaria, atrae mucho comercio y mucha inversión por la gran facilidad de intercambio. Pero también hay espacio para las relaciones exteriores y eso sucede con América Latina. Brasil es hoy el país que tiene el stock de inversión más importante de España en el exterior (más de 65.000 millones de euros) y luego le sigue México. Las exportaciones son menores en relación con la inversión, pero también han crecido en torno a un 6% y ahí tenemos una oportunidad de incrementar nuestras relaciones económicas.
--Hace no mucho, España y Estados Unidos se repartían la influencia en América Latina. Pero ha aparecido un formidable competidor. ¿China es la gran amenaza?
- China es un país importante no solo en Iberoamérica, sino el mundo entero. El gran auge de la economía mundial se ha derivado en buena medida de la demanda china de productos energéticos, de materias primas. Es un socio comercial importante de los países iberoamericanos, pero eso no quiere decir que sea excluyente ni que los americanos puedan prescindir de la presencia de inversores españoles o estadounidenses.
- Las clases medias surgen y demandan mejoras democráticas y sociales, como vemos hoy en Chile o Brasil. ¿Es este el gran reto de América Latina?
- Efectivamente. Se ha conseguido sacar a millones de personas de la pobreza y ahora el gran reto es conseguir que estas personas ya no estén en situación de vulnerabilidad, sino que esas clases medias se consoliden.
- ¿Debería España aprovechar comercialmente las demandas de esa nueva clase media, que previsiblemente exigirá productos con mayor valor añadido?
- España tiene una producción de calidad reconocida en todo el mundo, tanto en bienes como en servicios, y cuanto más próspera sea una sociedad más oportunidades se abren para las empresas españolas.
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