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ANTONIO PANIAGUA
Viernes, 29 de noviembre 2013, 01:07
La Iglesia tiene una asignatura pendiente, su imagen pública. Propensa a las condenas y las admoniciones, la Iglesia no está bien valorada entre los españoles, que se declaran mayoritariamente católicos pero frecuentan poco las parroquias. El nuevo secretario general de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo, llega con el empeño de tender puentes a la sociedad y dejar de ofrecer esa estampa de entidad anclada en las reconvenciones y el pesimismo, salpicada además por algunos escándalos. «No podemos ser profetas de calamidades, sobre todo cuando hay gente sufriendo, hay que poner un bálsamo de esperanza. Tenemos un ejemplo claro en el Papa Francisco», aseguró Gil Tamayo, que ayer compareció en una rueda de prensa tras su elección el miércoles por la asamblea plenaria de obispos.
Nada más llegar a la Casa de la Iglesia, como se denomina a la sede del episcopado, Gil Tamayo mostró maneras corteses y distendidas: estrechó manos y repartió besos y abrazos entre los periodistas. Se dirigió a ellos llamándoles «compañeros» y «compañeras». Las diferencias con su antecesor, Juan Antonio Martínez Camino, que trataba con displicencia indisimulada a los informadores, eran evidentes.
Por de pronto, Gil Tamayo, que ejercerá de portavoz de los obispos y no delegará esa función en un subordinado, desea que cuando se hable de la jerarquía católica sea para difundir el Evangelio y no como piedra de escándalo. «La Iglesia tiene que salir de las páginas de sucesos de los periódicos» y ocupar «el lugar que le corresponde» en la sección de sociedad. Con Gil Tamayo llega un nuevo estilo, más en sintonía con Jorge Mario Bergoglio. Fiel a la demanda del Pontífice de que los sacerdotes y obispos ejerzan de pastores que conecten con el pueblo, el portavoz de la jerarquía prometió una mayor cercanía a los creyentes, procurando no avasallar los derechos de los demás. «No vamos a ser gente de sacristía, ni gente que falte a la libertad de los demás, hacia la que tendremos un respeto exquisito. Tampoco renunciaremos a ofrecer nuestras propias opiniones con simpatía, alegría y fuerza», apuntó el sacerdote del Opus Dei.
Con todo, el secretario general no hablará a título particular. Es verdad que su cargo tiene competencias ejecutivas relevantes, lo que le dota de cierto margen de maniobra, pero sus palabras transmiten el pensamiento de los prelados. «Lo de menos será mi opinión, que no cuenta. Lo que cuenta es la opinión de los obispos».
A juzgar por sus palabras, Gil Tamayo aspira a inaugurar una nueva política informativa en una organización, como la Conferencia Episcopal, bastante hermética. «Creo en la transparencia. Es la mejor manera de luchar contra la desinformación».
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