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VALVANERA ARRÁIZ
Miércoles, 26 de diciembre 2012, 09:22
Cordero asado, consomé, langostinos o turrón son los típicos platos que se pueden encontrar en cualquier mesa durante la celebración de la Navidad. En la Cocina Económica, también.
El comedor social de las Hijas de la Caridad ofrece durante todo el año comida y alimentos a personas sin recursos que se han quedado sin nada que llevarse a la boca. En esta época del año los voluntarios del comedor trabajan con más ímpetu para que los que se acercan en Nochebuena y en Navidad tengan una reunión navideña como la de una familia cualquiera.
Desde que comenzara la crisis, el número de asistentes se ha duplicado y cada día más entre la población más joven. Estas Navidades, unas 120 personas llenan cada día el comedor. «Ahora viene gente que jamás hubiera pensado que se encontraría en esta situación, gente normal que tenía su trabajo y padres de familia en paro», comenta sor Josefa Pérez, la directora del programa. El pasado año sirvieron un total de 71.100 raciones; en el 2012 superarán las 90.000.
«La calle es dura para todos, pero algunos saben vivir en ella y otros no se adaptan a un medio hostil y desconocido; nosotros, aquí les damos lo mejor que tenemos, lo más hogareño», agrega la hermana Josefa. Muchos de los alimentos que se sirven son donaciones de particulares y voluntarios que regalan alimentos y cestas.
La hermana Margarita Molina es una de las voluntarias que atiende las mesas y reconoce que la situación se hace cada vez más difícil. «Además de la mejor comida, procuramos darles afecto, porque la mayoría lo que más necesitan es cariño y comer en compañía de otros», destaca mientras prepara las que serán sus segundas Navidades en el comedor con otros 14 voluntarios. Julia Fernández, de la misma congregación y que antes de llegar al comedor ya había estado destinada en otros proyectos solidarios, señala que «todos los que vienen a comer son muy respetuosos y agradecidos» y añade que «si seguimos adelante, es gracias a la labor de los voluntarios».
Desde la Cocina también se ayuda a que familias necesitadas puedan alimentarse. Así, preparan tarteras con raciones para que los padres se las lleven a casa y estén con sus hijos. En Navidad, algunas de estas personas que frecuentan el comedor pasan las fiestas con familiares o amigos que les ayudan, aunque el número de comensales cada noche sigue siendo muy alto.
«Nosotros somos la única empresa que querría desaparecer porque eso significaría que todo el mundo tiene trabajo», afirma sor Josefa. «Sin embargo, mientras seamos necesarios estaremos aquí para ayudarles a todos». Tampoco faltarán en Nochevieja las uvas, las campanadas y un brindis por un próspero, y mejor, año nuevo.
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