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J. SAINZ jsainz@diariolarioja.com
Martes, 15 de marzo 2011, 10:23
«¡Qué alegría! Rafael estaría encantadísimo de ver por fin en marcha la película que la censura le impidió hacer». Mariluz, actriz logroñesa conocida en los años sesenta por el nombre artístico de Celia Conde, debutante en 'El pisito' en 1959 y retirada tempranamente porque la otra censura no oficial del régimen, la censura social, consideraba de mala nota dedicarse al cine, volvió a ponerse ante las cámaras ayer.
Era el primer día de rodaje de 'Los muertos no se tocan, nene', la primera película que el escritor y guionista Rafael Azcona (Logroño, 1926-Madrid, 2008) y el director italiano Marco Ferreri intentaron infructuosamente llevar a cabo hace más de medio siglo. Ahora han resucitado aquel viejo proyecto el realizador José Luis García Sánchez, el productor Juan Gona y los guionistas David Trueba y Bernardo Sánchez, amigos todos ellos del recordado Azcona, a partir del guion iniciado en su día por él mismo, basado, a su vez, en la novela homónima que publicó en 1956.
Entre todos, con un equipo técnico preparado para rodar al estilo de finales de los cincuenta, con un elenco coral de unos cuarenta actores y actrices, desde veteranos de la gran pantalla y la escena españolas hasta jóvenes que acaban de comenzar su carrera en la televisión, y con nutrida colaboración de entusiastas actores aficionados y figurantes reclutados en Logroño, aspiran a resucitar al mismo tiempo el espíritu de Azcona y su estilo único de mezclar realidad y surrealismo, comedia y miseria. La vida misma hecha película.
No es una metáfora exagerada; ese propósito impregna el proyecto desde su concepción: se trata de una película de época ambientada en una ciudad de provincias, el Logroño natal de Azcona sin ir más lejos, en los cincuenta, que va a ser rodada en blanco y negro. Igualmente, el sonido será grabado con posterioridad como se hacía entonces y la planificación trata de emular los largos planos-secuencia en los que Ferreri y Azcona entremezclaban magistralmente varias conversaciones con muchos personajes.
Así fue en 'El pisito' y 'El cochecito'. Ahora es el turno de Fabianito, el protagonista de 'Los muertos no se tocan, nene', un adolescente que descubre el amor durante el velatorio de su abuelo, mientras su familia se afana en procurar a éste un entierro de alto copete. Precisamente ahí, en el cementerio, arrancó el rodaje ayer a las siete y media de la mañana. Y ya desde los primeros planos se veía claramente la intención de García Sánchez.
Tres planos en uno: en primer término, Fabianito, interpretado por el joven Airas Bispo (conocido por la serie de TVE 'Amar en tiempos revueltos') se detiene ante una tumba; en segundo plano, la niña Elenita (la logroñesa Julia de Blas), de la que Fabianito está enamorado, reza junto a su madre (Celia Conde) ante otra tumba hasta que repara en el chico y se le acerca para darle el pésame; y al fondo, dos mujeres enlutadas de arriba a abajo limpian una tumba más alejada aún y cotorrean sin parar. Azcona en estado puro. También es el recurso de mezclar como antaño actores profesionales y aficionados, con lo que Ferreri y también Luis García Berlanga ('Plácido', 'El verdugo'), explotando la capacidad de improvisación de su guionista, conseguían una espontaneidad casi insuperable.
García Sánchez lo empleó ayer en esa primera escena con Fabianito y Elenita. Pero fue en la siguiente donde lo bordó. Los escasos asistentes al entierro salen pitando del cementerio casi sin dar tiempo a que el ataúd del finado toque el fondo de la fosa: compartían secuencia, por un lado, los actores Álex Angulo, Carlos Iglesias, Fernando Chinarro, Juan Jesús Valverde y Roberto Bodegas, y, por otro, algunos logroñeses tan conocidos como el propio Bernardo Sánchez, el fotógrafo Teo, el pintor Miguel Ángel Ropero, el director teatral Fernando Gil Torner, los actores Alberto Vidal y Martín Nalda, el escritor Agustín Sánchez y su hermano Vidal y, con frase destacada, el periodista Pedro Mari Azofra. Incluir al auténtico enterrador de Logroño, Agustín Zapatel, haciendo de sí mismo junto a su hijo Óscar, ya fue rizar el rizo.
Y para terminar de obrar la , la aparición del propio Azcona, de su estilo único, encarnado en sus palabras, las que escribió de su puño y letra hace medio siglo y no pudo llevar al cine: la cómica pero totalmente verídica conversación en el entierro que deriva hacia una receta a base de caracoles: «Trago y cigarro, que el difunto no vuelve». A veces sí.
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