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Najwa Nimri durante su actuación, ayer, en Bodegas Ontañón dentro del ciclo 'Catarsis'. :: FERNANDO DÍAZ
Como un animal (atado)
Crítica | música

Como un animal (atado)

En la tercera cita de 'Catarsis' Najwa Nimri ofreció un concierto irregular, lleno de altibajos, en Bodegas Ontañón

DIEGO MARÍN A.

Domingo, 6 de marzo 2011, 15:15

No sé qué hubiera sucedido si, en lugar de la atractiva Najwa Nimri, ayer hubiera actuado en Bodegas Ontañón, dentro de 'Catarsis', un músico desconocido, feo, antipático, no resuelto. Quizá, como poco, los 200 asistentes hubieran abandonado el recinto antes de finalizar la actuación. Pensando en el generoso ágape de después, lo más seguro es que hubieran aguantado con más o menos paciencia y estoicismo. Najwa Nimri ofreció lo mejor y lo peor de un concierto. Con masculino a lo Patty Smith, con americana sobria y pantalones pitillos color ceniza prometió una «velada salvaje». Así lo hacía prever el inicio de su directo, acompañado de un guitarrista de y un bajista de rock («mucho cuero», dijo). La primera canción fue 'Me tiene que doler', la segunda 'Como un animal' y la tercera 'El último primate', los primeros de su último disco. Empezó fuerte, con distorsión, quemando cartuchos, con varios registros de voz y un público entregado a cada canción y a cada comentario. Incluso se acercó al punk gritando el estribillo «¡Hoy quiero ladrar!». Después de esas tres primeras magistrales canciones llegó la primera del repertorio en inglés, 'Crime'. Más o menos a partir de entonces el concierto fue un desastre. Najwa Nimri comenzó a entrar a destiempo en los ritmos y a olvidar las letras de las canciones. «¡Me cuelo! No sé ni lo que canto», confesó. Lo cierto es que su hipnótica sonrisa, su desparpajo en el escenario y su naturalidad hacían que aquellos errores parecieran parte del . Y eso que, al contrario que sus predecesores Nacho Vegas y Mikel Erentxun en este 'Catarsis', ella optó por una copa de agua en lugar de Ontañón Reserva 2004, que es el rico vino que se sirvió después. «Qué divertido está siendo», exclamó Najwa Nimri que, a pesar de todo, se lo pasaba pipa, como una niña. Y a la mayoría del público no parecía importarle, se reía con ella a pesar de los 25 euros que costó la entrada. Pero se notaba que estaba nerviosa porque se quitaba y ponía la chaqueta continuamente, se desabrochaba y abrochaba el botón de la blusa permitiendo ver, o no, el escote y su negro sostén. El resultado fue que enfrió el recital. «¿Es esa la letra?», le preguntó a su guitarrista después de cantar la primera estrofa de otra canción. «Es más difícil tocar así que con toda la banda. No estamos entrenados, aquí hay que buscarse la vida a cada segundo», declaró la cantante y actriz. Quizá sea eso, falta de ensayo, después de haber tocado el día anterior en Vigo con toda la banda, o que un formato reducido como aquel, para Najwa Nimri, es como tener atado a un perro guardián porque, cuando quería o podía, la artista se volvía a adentrar de lleno en el concierto y emocionaba, sobre todo gracias a la música de balada que le propiciaban sus acompañantes. Terminó con la célebre 'Dead for you' y bajándose del escenario para asistir y disfrutar de su propia actuación. En total, una hora de concierto que no se hizo corta. «Aquí he pasado la mitad de mi vida, en Lapuebla de Labarca. ¡Que lo sepáis!», dijo al despedirse, entre un sonoro aplauso y señalando equivocadamente hacia Recajo.

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