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PILAR HIDALGO ,LOGROÑO
Miércoles, 24 de noviembre 2010, 15:02
De Madrid, al cielo. O lo que es lo mismo, a Trevijano. Corría el año 1975 cuando Balsamina Freije, Sami para los amigos, una joven lucense de Sampayo, se dio cuenta de que Madrid, ciudad en la que estudiaba, no estaba hecha para ella.
Buscó un cambio de aires y atraída por unos conocidos recaló en Trevijano, una pequeña localidad de La Rioja -hoy aldea perteneciente a Soto en Cameros- que en aquella época huía de las garras del abandono y de su desaparición como pueblo gracias al asentamiento de familias jóvenes de extracción urbana que propugnaban un retorno al medio rural.
«Me encantó el sitio, era perfecto. Estaba cerca de Logroño, pero lo suficientemente lejos como para pensar que vivías en otro mundo. Además, se sitúa en un alto, no en un valle, que no me gustan, y tiene vistas y gentes maravillosas. Aquí todos nos llevamos bien», indica.
Luego, los hechos se sucedieron. Compró una vivienda, nacieron sus hijos Samuel y Eloy, se estableció como artesana textil... Y ya no concibe otro lugar mejor donde residir.
En las tardes de invierno, cuando Sami sale de su taller donde teje en telares manuales y tiñe sus propios tejidos, le gusta sentarse en Las Peñiscas. «Son unas rocas situadas bajo las antiguas escuelas -hoy, el bar- en las que te resguardas del viento y suele dar el sol», apunta. Pero Trevijano agrupa otros muchos encantos. «Una vivienda que adquiere la forma de un barco, la puerta de 'la casa de la Martina', que es preciosa y antiquísima, o la dehesa de robledales que se avista desde el mirador ubicado en la entrada del pueblo», enumera.
Su gran atractivo reside, no obstante, en su entorno. Trevijano se erige en un altozano a 1.012 metros. Desde esa altura ofrece panorámicas espectaculares 360º a la redonda. «Se ve Murillo, Mendavia, Soto, la mejor vista del cañón del Leza y, en días claros, hasta el prepirineo».
La historia también dejó sus huellas. En los alrededores del municipio se encuentran una nevera y el dolmen del Collado del Mallo, a los que se accede andando a través de senderos.
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